Cuenta saldada.
Hace años que tenía pendiente ver a M Clan en concierto y, muchos años después de proponérmelo, por fin lo conseguí.
Es verdad que no es lo mismo, porque de la formación inicial solo quedan Carlos Tarque a la voz y Ricardo Ruipérez en las guitarras y coros, pero menos es nada.
Atrás quedo esa maravillosa banda formada por éstos dos ya mencionados además del guitarrista Santiago Campillo, el bajista Pascual Saura (D.E.P), el teclista Iñaki Uribe y nuestro ex Black Jack Juan Antonio Otero a la batería. Ese grupo que en su primer disco 'Un buen momento' se marcharon a Memphis a imbuirse del espíritu de Elvis para hacer un gran trabajo lleno de rock sureño muy cercano a los estadounidenses The Black Crowes.
En mi modesta opinión, M Clan ha llevado una trayectoria que ha ido separándose de su línea original, sobre todo después de su directo acústico 'Sin enchufe' tomando caminos mas pop, más comerciales, quizá, pero que siempre ha dejado un ligero olorcillo a rock, soul y blues. Hasta que en el pasado año el dúo Tarque - Ruipérez editaron su último álbum 'Para no ver el final' grabado en un estudio pero en directo, a la antigua usanza, con un sonido mucho más directo y sobre todo recuperando mucho del blues rock y el soul de antaño.
Pues bien, el concierto se celebró en la sala Paris 15, escenario que yo aún no conocía y del que me llevé una gratísima sorpresa por su buena acústica, y una muy buena organización a la hora de la entrada y salida del evento.
La sala estaba llena en poco más de la mitad, aunque poco a poco, a medida que el concierto se iba desarrollando iba entrando más público hasta llegar a sus tres cuartas partes, lo cual nos vino muy bien a Isa, mi gentil acompañante y a mi que no nos gustan nada las aglomeraciones y disfrutamos como niños (yo más que ella) al fondo de la sala sin apenas molestias.
Hubo algo que me llamó muchísimo la atención, sobre todo porque yo soy un enfermo de la puntualidad, y mucho más cuando voy a algún evento con una hora programada, y es que la gente seguía entrando con el concierto bastante empezado. Porque, vale, puede ser que algunos tengan su salida laboral a una hora que no les permita llegar antes, pero lo que no me explico es cómo, tras más de una hora de concierto e, incluso estando éste en su tramo final, había público que seguía entrando a la sala.
Musicalmente yo disfruté mucho de una banda muy buena sobre el escenario. Tarque es un animal de directo. Se lo trabaja muy bien e, incluso me llegó a recordar en ciertos momentos al mítico Miguel Ríos en muchas de sus poses. Vocalmente tiene una voz privilegiada para el rock, blues y soul que predican, aunque no se mostró muy locuaz.
Ruipérez estuvo en su papel. Correcto en la guitarra y correcto en los coros, aunque mucho menos dinámico que sus compañeros de escenario.
El resto, de músicos, Iván González (bajo) y Coki Giménez (batería), Prisco a la guitarra y el trío de metales 'No Reply', con saxo, trompeta y trombón estuvieron a la altura sonando como los M Clan que yo conocí en los 90, con excepción del bajista que, a mi manera de ver tocaba con estilo más agresivo que el desaparecido Pacual Saura.
En cuanto al repertorio eché de menos más referencias a sus tres primeros discos. Se dedicaron a promocionar más su último trabajo que ya lleva más de un año en el mercado y lo mezclaron con sus éxitos comerciales más sonados. Por supuesto no falto 'Llamando a la Tierra' (no me gusta nada ese tema), 'Carolina', la 'Maggie' de Rod Stewart, 'Roto por dentro', 'Miedo', etc. Es decir, un set list más comercial o, por no decirlo así, de mayor éxito en las radiofórmulas.
Está claro que no llueve a gusto de todos y no puedo pretender que una banda que lleva 9 discos en el mercado dedique sus conciertos a sus tres primeros discos más el último obviando el resto que fueron los que realmente lo lanzaron al gran público.
En cuanto a formación no eran los M Clan que a mi habría gustado ver, ni musicalmente fue el concierto que a mi me hubiese gustado disfrutar, pero con todo y con eso eso salí muy satisfecho de una noche de rock, blues rock y muchos retazos de soul.
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lunes, 21 de noviembre de 2011
lunes, 4 de julio de 2011
De concierto
Carmen París es de esas artistas que sabes que no te van a defraudar. Como realmente así fue en un concierto íntimo en un pequeño teatro en el que el escenario está al mismo nivel que la primera fila y a, escasamente dos metros de separación entre público y músicos, lo que posibilita una unión más palpable entre ambos.
La París, como ella se autodenomina en muchas ocasiones no es una gran conocida, lo cual me sorprende muchísimo. No sé si afortunadamente o por desgracia. Supongo que para ella supondrá algo de cada cosa porque tendrá el bolsillo menos lleno que las megaestrellas, pero se puede permitir el lujo de caminar por la calle como una persona anónima más.
Aunque da cierta rabia que entre los top de ventas haya tanta bazofia mientras que artistas de la calidad compositora y de la valentía de la París sea algo que sólo escuchamos gente “rarita”.
Claro, que si a un simple mortal tú le explicas que esta chica lo que hace es fusionar la jota aragonesa con otros ritmos y sonidos del mundo, incluído un chotis madrileño, lo más normal es que tu interlocutor te mire con cara de “¿qué me estás contando?” “¿qué mierda es esa?”.
Pero así es. Esa es parte de la valentía de esta mujer, el atreverse a fusionar algo tan intocable como partituras enraizadas dentro del folclore popular de su tierra (Aragón) con otros ritmos, otros sonidos igualmente extraídos de sus raíces folclóricas para demostrarnos a todos que, si se hace de forma natural y con el alma, la música es eso, música en todas las partes del mundo. Y, como conjunto de notas musicales conectadas entre sí por el sentimiento, son susceptibles de ser hermanadas dando resultados muy bellos.
Como bien dice ella, pasó con el flamenco, donde los más puristas pusieron el grito en el cielo cuando aparecieron nuevas formas de sentirlo. Y le pasó a ella, cuando, tras su primer disco “Pa’ mi genio”, los críticos musicales de su región la pusieron a caer de un burro para después callar sus bocas en un segundo trabajo magistralmente titulado “Jotera lo serás tú”.
Pues volvamos al concierto.
Un teatro Echegaray, en el centro histórico de Málaga, maravillosamente renovado (era una vergüenza mantener cerrado tantos años una maravilla así), completamente lleno de un público tan cercano a la artista que se podía mantener una conversación con ella, como de hecho una señora intentó.
Con un público que a mi me llamó la atención, por la edad. Quizá mayor de lo que yo esperaba para ser seguidora de la compositora maña, pero entregado y emocionado desde un principio ante la maravillosa ejecución de cada uno de los temas con una personalísima voz y un piano como únicas armas, a excepción de un solo tema, el primero en cantar que lo hizo acompañada de un djembé.
Pero solos los dos. Carmen París y nosotros, el público, que íbamos descubriendo una a una cada canción gracias a las introducciones que la propia Carmen nos iba relatando para explicarnos con un gran sentido del humor y mucha ironía cual era el sentido de cada melodía y el origen de cada una de las letras.
Teniendo siempre presente sus orígenes. Sus orígenes, no sólo territoriales, sino también familiares, porque en casi todas sus composiciones aparecía una referencia a sus abuelos o sus padres lo que, a nuestro modo de entender (mi modo y el de Isa, mi maravillosa acompañante) la hacía más entrañable y más cercana.
Mucha dosis de folclore popular, con la jota aragonesa como hilo conductor, porque, tal y como ella nos explicó, “la jota es la madre del cordero [sic]” . Primero fue la jota y el resto vino después. Pero sobre todo mucho alma, mucha calidad, muchas dosis de humor y retalitos jazzísticos para rematar la faena.
Un enorme placer, Carmen.
La París, como ella se autodenomina en muchas ocasiones no es una gran conocida, lo cual me sorprende muchísimo. No sé si afortunadamente o por desgracia. Supongo que para ella supondrá algo de cada cosa porque tendrá el bolsillo menos lleno que las megaestrellas, pero se puede permitir el lujo de caminar por la calle como una persona anónima más.
Aunque da cierta rabia que entre los top de ventas haya tanta bazofia mientras que artistas de la calidad compositora y de la valentía de la París sea algo que sólo escuchamos gente “rarita”.
Claro, que si a un simple mortal tú le explicas que esta chica lo que hace es fusionar la jota aragonesa con otros ritmos y sonidos del mundo, incluído un chotis madrileño, lo más normal es que tu interlocutor te mire con cara de “¿qué me estás contando?” “¿qué mierda es esa?”.
Pero así es. Esa es parte de la valentía de esta mujer, el atreverse a fusionar algo tan intocable como partituras enraizadas dentro del folclore popular de su tierra (Aragón) con otros ritmos, otros sonidos igualmente extraídos de sus raíces folclóricas para demostrarnos a todos que, si se hace de forma natural y con el alma, la música es eso, música en todas las partes del mundo. Y, como conjunto de notas musicales conectadas entre sí por el sentimiento, son susceptibles de ser hermanadas dando resultados muy bellos.
Como bien dice ella, pasó con el flamenco, donde los más puristas pusieron el grito en el cielo cuando aparecieron nuevas formas de sentirlo. Y le pasó a ella, cuando, tras su primer disco “Pa’ mi genio”, los críticos musicales de su región la pusieron a caer de un burro para después callar sus bocas en un segundo trabajo magistralmente titulado “Jotera lo serás tú”.
Pues volvamos al concierto.
Un teatro Echegaray, en el centro histórico de Málaga, maravillosamente renovado (era una vergüenza mantener cerrado tantos años una maravilla así), completamente lleno de un público tan cercano a la artista que se podía mantener una conversación con ella, como de hecho una señora intentó.
Con un público que a mi me llamó la atención, por la edad. Quizá mayor de lo que yo esperaba para ser seguidora de la compositora maña, pero entregado y emocionado desde un principio ante la maravillosa ejecución de cada uno de los temas con una personalísima voz y un piano como únicas armas, a excepción de un solo tema, el primero en cantar que lo hizo acompañada de un djembé.
Pero solos los dos. Carmen París y nosotros, el público, que íbamos descubriendo una a una cada canción gracias a las introducciones que la propia Carmen nos iba relatando para explicarnos con un gran sentido del humor y mucha ironía cual era el sentido de cada melodía y el origen de cada una de las letras.
Teniendo siempre presente sus orígenes. Sus orígenes, no sólo territoriales, sino también familiares, porque en casi todas sus composiciones aparecía una referencia a sus abuelos o sus padres lo que, a nuestro modo de entender (mi modo y el de Isa, mi maravillosa acompañante) la hacía más entrañable y más cercana.
Mucha dosis de folclore popular, con la jota aragonesa como hilo conductor, porque, tal y como ella nos explicó, “la jota es la madre del cordero [sic]” . Primero fue la jota y el resto vino después. Pero sobre todo mucho alma, mucha calidad, muchas dosis de humor y retalitos jazzísticos para rematar la faena.
Un enorme placer, Carmen.
lunes, 25 de abril de 2011
De concierto
Hace unos días, viendo una película sonó un tema que hacía años que no escuchaba. Un tema de un grupo californiano llamado Big Soul. Y me pasó lo que me pasa muchas veces cuando se me presentan de nuevo viejas canciones de grupos que siempre me han gustado pero que, por uno u otro motivo no tengo material de éste. Me pregunto ¿por qué nunca me compré un disco de esta gente con lo que me gustaban?
Quizá el problema principal sea el de siempre, el money, money, que no da lugar a tenerlo todo (afortunadamente) y, como siempre en la vida, hay que elegir.
La primera referencia de este grupo la tengo en un video, no se si de la MTV o de cualquier otro canal que vi en la tele que mi amiga Malena tenía en su bar, Gramola, templo y segunda casa de unos cuantos amigos donde pasamos muchas horas, quizá más de las que debíamos y donde hubo muchas risas y más copas.
El caso es que, por cuestiones extrañas del destino, no recuerdo de qué forma, me entero de que esta banda iba a actuar en Málaga. Pero no en uno de los recintos donde por aquella época se acostumbraban a ver los conciertos, sino en un garito del centro por el que posteriormente pasaron otras formaciones y solistas de cierto renombre: el Cosa Nostra, lugar donde también tuve el honor de tocar con mi último grupo, aunque mejor no hacer mención de ese concierto, ya que no fue de los mejores que dimos. Algún día hablaré por aquí de todo lo que pasó en esa actuación... merece la pena...
El caso es que convencí a mi amigo Miguel que en aquel entonces era el bajista de mi grupo para que me acompañara y los dos salimos muy satisfechos de lo que presenciamos. Entre otras cosas porque Big Soul tenían un sonido muy cercano al que teníamos en Efecto Placebo, el grupo en el que Miguel y yo tocábamos.
Era un escenario pequeño, pero suficiente para que el trío californiano desplegara todo su repertorio basado en una divertida mezcla de sonidos rock y ritmos funkys, donde a la voz se alternaban el guitarrista de origen japonés Kelleth Chinn y la bajista Caroline Wampole a la que Miguel rebautizó como "la hija del granjero", por su aspecto espigado y su vestimenta "flower power".
Así que creo que, teniendo en cuenta que sus discos tienen ya unos años, me pasaré por el FNAC donde, lo más probable es que estén asequibles de precio y, más de diez años después lo incluya en mi discoteca particular.
No ha sido el mejor concierto que he visto en mi vida (es difícil destronar a mis adorados Stones) pero si que fue uno de esos conciertos que sin conocer demasiado al grupo que toca uno sabe que no va a salir defraudado.
Os dejo un par de muestras, uno en el que a la voz está Kelleth Chinn y otro el en que canta la "hija del granjero".
P.D Por cierto, suelo visitar con cierta frecuencia las estadísticas de visitas del blog y, salvo los datos de países como Argentina, México, Reino Unido y España donde sé que tengo amigos que me leen, me llama la atención visitas bastante frecuentes desde Estados Unidos. De hecho, acabo de crear esta entrada y ya hay 9 visitas desde este país.
Por favor, pediría a quien o quienes me lean desde allí que se hagan notar, porque realmente tengo mucha curiosidad de quien pudiera ser.
Ya os dejo en paz, que disfrutéis de los vídeos.
Quizá el problema principal sea el de siempre, el money, money, que no da lugar a tenerlo todo (afortunadamente) y, como siempre en la vida, hay que elegir.
La primera referencia de este grupo la tengo en un video, no se si de la MTV o de cualquier otro canal que vi en la tele que mi amiga Malena tenía en su bar, Gramola, templo y segunda casa de unos cuantos amigos donde pasamos muchas horas, quizá más de las que debíamos y donde hubo muchas risas y más copas.
El caso es que, por cuestiones extrañas del destino, no recuerdo de qué forma, me entero de que esta banda iba a actuar en Málaga. Pero no en uno de los recintos donde por aquella época se acostumbraban a ver los conciertos, sino en un garito del centro por el que posteriormente pasaron otras formaciones y solistas de cierto renombre: el Cosa Nostra, lugar donde también tuve el honor de tocar con mi último grupo, aunque mejor no hacer mención de ese concierto, ya que no fue de los mejores que dimos. Algún día hablaré por aquí de todo lo que pasó en esa actuación... merece la pena...
El caso es que convencí a mi amigo Miguel que en aquel entonces era el bajista de mi grupo para que me acompañara y los dos salimos muy satisfechos de lo que presenciamos. Entre otras cosas porque Big Soul tenían un sonido muy cercano al que teníamos en Efecto Placebo, el grupo en el que Miguel y yo tocábamos.
Era un escenario pequeño, pero suficiente para que el trío californiano desplegara todo su repertorio basado en una divertida mezcla de sonidos rock y ritmos funkys, donde a la voz se alternaban el guitarrista de origen japonés Kelleth Chinn y la bajista Caroline Wampole a la que Miguel rebautizó como "la hija del granjero", por su aspecto espigado y su vestimenta "flower power".
Así que creo que, teniendo en cuenta que sus discos tienen ya unos años, me pasaré por el FNAC donde, lo más probable es que estén asequibles de precio y, más de diez años después lo incluya en mi discoteca particular.
No ha sido el mejor concierto que he visto en mi vida (es difícil destronar a mis adorados Stones) pero si que fue uno de esos conciertos que sin conocer demasiado al grupo que toca uno sabe que no va a salir defraudado.
Os dejo un par de muestras, uno en el que a la voz está Kelleth Chinn y otro el en que canta la "hija del granjero".
P.D Por cierto, suelo visitar con cierta frecuencia las estadísticas de visitas del blog y, salvo los datos de países como Argentina, México, Reino Unido y España donde sé que tengo amigos que me leen, me llama la atención visitas bastante frecuentes desde Estados Unidos. De hecho, acabo de crear esta entrada y ya hay 9 visitas desde este país.
Por favor, pediría a quien o quienes me lean desde allí que se hagan notar, porque realmente tengo mucha curiosidad de quien pudiera ser.
Ya os dejo en paz, que disfrutéis de los vídeos.
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