lunes, 4 de julio de 2011

De concierto

Carmen París es de esas artistas que sabes que no te van a defraudar. Como realmente así fue en un concierto íntimo en un pequeño teatro en el que el escenario está al mismo nivel que la primera fila y a, escasamente dos metros de separación entre público y músicos, lo que posibilita una unión más palpable entre ambos.

La París, como ella se autodenomina en muchas ocasiones no es una gran conocida, lo cual me sorprende muchísimo. No sé si afortunadamente o por desgracia. Supongo que para ella supondrá algo de cada cosa porque tendrá el bolsillo menos lleno que las megaestrellas, pero se puede permitir el lujo de caminar por la calle como una persona anónima más.


Aunque da cierta rabia que entre los top de ventas haya tanta bazofia mientras que artistas de la calidad compositora y de la valentía de la París sea algo que sólo escuchamos gente “rarita”.

Claro, que si a un simple mortal tú le explicas que esta chica lo que hace es fusionar la jota aragonesa con otros ritmos y sonidos del mundo, incluído un chotis madrileño, lo más normal es que tu interlocutor te mire con cara de “¿qué me estás contando?” “¿qué mierda es esa?”.

Pero así es. Esa es parte de la valentía de esta mujer, el atreverse a fusionar algo tan intocable como partituras enraizadas dentro del folclore popular de su tierra (Aragón) con otros ritmos, otros sonidos igualmente extraídos de sus raíces folclóricas para demostrarnos a todos que, si se hace de forma natural y con el alma, la música es eso, música en todas las partes del mundo. Y, como conjunto de notas musicales conectadas entre sí por el sentimiento, son susceptibles de ser hermanadas dando resultados muy bellos.

Como bien dice ella, pasó con el flamenco, donde los más puristas pusieron el grito en el cielo cuando aparecieron nuevas formas de sentirlo. Y le pasó a ella, cuando, tras su primer disco “Pa’ mi genio”, los críticos musicales de su región la pusieron a caer de un burro para después callar sus bocas en un segundo trabajo magistralmente titulado “Jotera lo serás tú”.



Pues volvamos al concierto.

Un teatro Echegaray, en el centro histórico de Málaga, maravillosamente renovado (era una vergüenza mantener cerrado tantos años una maravilla así), completamente lleno de un público tan cercano a la artista que se podía mantener una conversación con ella, como de hecho una señora intentó.

Con un público que a mi me llamó la atención, por la edad. Quizá mayor de lo que yo esperaba para ser seguidora de la compositora maña, pero entregado y emocionado desde un principio ante la maravillosa ejecución de cada uno de los temas con una personalísima voz y un piano como únicas armas, a excepción de un solo tema, el primero en cantar que lo hizo acompañada de un djembé.



Pero solos los dos. Carmen París y nosotros, el público, que íbamos descubriendo una a una cada canción gracias a las introducciones que la propia Carmen nos iba relatando para explicarnos con un gran sentido del humor y mucha ironía cual era el sentido de cada melodía y el origen de cada una de las letras.

Teniendo siempre presente sus orígenes. Sus orígenes, no sólo territoriales, sino también familiares, porque en casi todas sus composiciones aparecía una referencia a sus abuelos o sus padres lo que, a nuestro modo de entender (mi modo y el de Isa, mi maravillosa acompañante) la hacía más entrañable y más cercana.

Mucha dosis de folclore popular, con la jota aragonesa como hilo conductor, porque, tal y como ella nos explicó, “la jota es la madre del cordero [sic]” . Primero fue la jota y el resto vino después. Pero sobre todo mucho alma, mucha calidad, muchas dosis de humor y retalitos jazzísticos para rematar la faena.

Un enorme placer, Carmen.

jueves, 16 de junio de 2011

41

Ya sí. Ya es oficial. Desde anoche a las 4:00 a.m me considero oficialmente un cuarentón.

Y también desde anoche dejo la frontera entre los treinta y los cuarenta que me ubicaba en tierra de nadie para ser uno más de los que entran en su época de madurez. (¡JA!)

No, no cumplo 40. Cumplo 41.

¿Y? Pues nada, la verdad. Me siento igual que ayer. Igual que con treintaytantos, aunque diferente, no por ir agotando etapas en años, sino por ir acumulando experiencias, positivas y negativas principalmente, pero enriquecedoras una vez pasadas y una vez sufridas.

No me engaño. No uso la fórmula de muchos que hablan de tener treinta y once (en mi caso). Tengo lo que tengo. Y ahí están, me guste o no. Y la verdad es que ni me gusta ni me deja de gustar. Son y van a ser de todas formas, piense yo lo que piense. Lo sienta yo como lo sienta.

Si soy objetivo, no soy un cuarentón estándar. No me he casado, no tengo pareja, no tengo hijos, tengo un trabajo inestable y de poco futuro y tengo como compañero de viajes un perro al que adoro, pero que cierra un círculo del estereotipo de soledad que todos conocemos.

Y, ¿cómo lo veo desde un punto de vista subjetivo? Pues esto es ya más complejo.

Si pienso en mi infancia, me siento un niñato. Cuando yo era niño y veía a mis padres, a mis tíos con cuarenta años me los quedaba mirando y soñando que yo, con sus edades sería como ellos. Y no ha sido así. Ellos estaban en un pedestal en el que yo no me siento. Ellos tenían sobre sus hombros unas responsabilidades que yo no tengo. Ellos habían cumplido unas etapas y unas expectativas que yo no he cumplido.

¿Y me hace sentirme mejor o peor que ellos? Pues ni mejor ni peor. Son épocas diferentes. Son caminos diferentes. Han sido aciertos y errores diferentes.

Yo he cumplido mis etapas también, ni mejores, ni peores. Distintas. Porque a mi, la vida me ha llevado por otros caminos. Esa es la gran diferencia o, al menos así lo siento.

Y porque a mi, las más grandes enseñanzas me han venido de forma casi siempre traumática, y quizá era esa la mejor forma de que me llegaran después de haber estado muchos años, demasiados años excesivamente protegido por unos padres que de repente se fueron y que me obligó a tomar unas riendas antes desconocidas para mi.

Que ya no soy el de antes ya lo sabía hace unos años. Lo sé desde la última vez que me emborraché y la resaca me duró cuatro días. Lo sé desde que me di cuenta que prefiero disfrutar del día y fui dejando la noche cada vez más de lado. Lo sé desde que me di cuenta que me importaba cada vez menos lo que dijeran de mi. Lo sé desde que me siento cada día con menos vergüenza para decir lo que pienso y me dejo arrastrar menos por lo políticamente correcto. Lo sé desde que empecé a sufrir patologías estúpidas asociadas con la ansiedad y enfermedades inventadas por mi propia cabeza. Lo sé desde que comprobé que me siento capaz de contener mis emociones (odio eso). Lo sé desde que admito que lloro cuando me apetece hacerlo y reivindico el llanto como una estupenda forma de desahogo. Lo sé desde que, no me río, sino que me descojono de mi mismo. Lo sé desde que lo relativizo todo.

Pero sobre todo lo sé desde que aprendí, o la vida me enseñó a aprender a esperar. A no tomarme las cosas a la tremenda. A buscar soluciones, no a esperarlas y, sobre todo a que lo que venga, vendrá. Y cuando venga ya tomaremos las medidas.

Es curioso. Me acabo de dar cuenta de que hace años, no recuerdo cuántos, que no celebro mi cumpleaños con una fiesta y este año lo voy a hacer reuniendo en mi casa a mis hermanas y sus maridos y a mi ex (sí, somos así de modernos). Pero ha sido una casualidad, una excusa más para estar juntos. Porque cumplir años no creo que sea motivo de celebración… ni de no celebración. Lo realmente digno de celebrar es seguir tirando pa’lante y eso es algo que hacemos día a día. Lo que pasa es que es algo tan cotidiano que ya lo hacemos casi sin darnos cuenta. Pero ese es el verdadero triunfo: seguir mirando hacia delante y sin miedo. Alerta, sí, pero sin miedo.

Aún así, por supuesto y, haciendo gala de la exquisita educación recibida por mis progenitores, agradezco de corazón todas las felicitaciones recibidas de parte de toda mi gente. De más lejos o de más cerca, pero mi gente al fin y al cabo.

Porque ese es el gran regalo a mis 41 años: quiero y me quieren.

miércoles, 8 de junio de 2011

Recuerdos de mi infancia.

Hace un par de meses, en una de mis largas charlas a través de Skype con mi amiga Sarita, de la que ya os hablé, recordé una anécdota que viví, aunque no en primera persona, afortunadamente, a mis... calculo... 7 u 8 años.

Por aquel entonces mi familia disfrutaba de un buen nivel económico gracias al trabajo de mi padre en la banca y pasábamos los veranos en Vistahermosa, un gran complejo de edificios y chalés, con su club de golf, de tenis y su club social en el Puerto de Santa María, provincia de la Cádiz de mis orígenes.

Como buen lugar de vacaciones para unos pocos que se lo podían permitir, disfrutábamos de una extensísima playa privada.

Para los que conocéis las playas de Cádiz, sabréis de su gran extensión por lo que os podéis imaginar cómo era tener unas playas de ese tipo privada para los socios del club. Podíamos elegir, no sólo donde ponernos, sino incluso donde edificar un edificio entero si queríamos por la cantidad de playa sobrante.

Para haceros una idea, os contaré que teníamos sitio para los paseantes, los que querían jugar con las palas de tenis y para jugar al fútbol once contra once.

El caso es que dicha playa era privada como os cuento pero "sólo" de lunes a sábado. Los domingos éramos tan "solidarios" que permitíamos la entrada al resto de la "plebe" de las localidades próximas. Eso quería decir que los domingos la playa estaba atestada de gente y los socios aprovechabamos para ir a comer y a bañarnos en las piscinas del club.

Pues bien, uno de esos domingos en los que la playa estaba a reventar de gente unos vecinos míos recibieron la visita de un familiar (abuelo, creo recordar) de Canarias.

La cuestión es que este buen señor comió con su familia en el apartamento y tras el almuerzo decidió bajar a darse un baño, ocurriendo la desgracia de que sufriera un corte de digestión (esa es la versión oficiosa, porque para mi que fue un infarto) y el pobre murió en la misma playa.

Imaginaos el papelón. La playa llena de domingueros con sus sombrillas, sus mesas para comer, sus hamacas, sus botellas de cerveza y refrescos, la sandía enfriándose en la orilla del mar y este hombre fiambre en la orilla.

Pasaron las horas y el pobre muerto aún seguía ahí. Tapado, por supuesto, pero en la orillita del mar. Así que decidieron, por el bien de la imagen de la playa subirlo hasta la parte más alta. Eso sí, aún rodeado de gente, familias de varias generaciones: Hijos, primos, tíos, padres, abuelos y abuelas que bajo sus parasoles se atiborraban de la comida preparada para tal ocasión mientras iban comentando la jugada del pobre hombre todavía de cuerpo presente...y tan presente...

Mi padre, con los años me contaba que yo estaba estupefacto. Que desde los jardines de nuestro apartamento les hacía gestos a mis padres que estaban en el balcón sorprendido de que ese señor estuviese tantísimas horas allí tapado, con el calorazo que hacía mientras el resto de la gente disfrutaba de su día de playa como si tal cosa.

El caso es que pasaron las horas, la tarde entera, y las familias poco a poco fueron recogiendo sus cosas para volver a sus casas y emprender una nueva semana de trabajo tras un extraño día de playa...y el muerto seguía ahí...

Es más, es que es tradición en las costas de Cádiz celebrar carreras de caballos durante el atardecer (espectáculares atardeceres) en la playa durante el mes de agosto, y éstas son muy seguidas por un buen número de público que deciden terminar su día paseando por la orilla.

Pues se celebraron las carreras...y el muerto seguía ahí...

No recuerdo qué hora sería, pero sí sé que bastante tarde porque ya estaba anocheciendo, cuando por fin llegó un coche de la Guardia Civil acompañado por otro coche en el que imagino que iría el juez encargado de levantar el cadáver.

Y por fin se lo llevaron. El pobre muerto, bien muerto y cocido, porque tras más de 6 horas bajo unas mantas en pleno mes de agosto iría, cuanto menos, calentito.

Spain is different.

domingo, 29 de mayo de 2011

Videorama

Ufff... por fin encuentro un rato para escribir algo. Vaya semanita he tenido. Trabajo, clases y, como colofón mi hermana mayor, que se nos casa (o recasa) mañana.

Tenía ganas desde hace tiempo de hablaros de este video. Un video que desde que lo vi me impactó muchísimo. Se trata de un tema llamado "Rabbit in your headlight" de la banda británica Unkle.

El tema en sí no es malo, pero a decir verdad no es uno de mis estilos favoritos, aunque reconozco que es muy buena canción. Pero el video... el video es brutal.

Antes de nada, al César lo que es del César. Este video lo descubrí a través de mi amiga Sarita, una mexicana a la que conozco desde el año 2000 y que, hasta ahora nos hemos mantenido en contacto a rachas. A veces desaparecía uno y a veces el otro, pero siempre terminábamos reencontrándonos de nuevo. Y nuestra pena fue que mi viaje a México coincidió con una de esas etapas en la que ambos estábamos desaparecidos, así que no pudimos conocernos personalmente.

Que, por cierto... no se llama Sara... se llama Sarai, pero desde el principio la rebauticé como Sarita, y así me lo acepta y se quedará para siempre.

En fin, que me habló de este video y me lo envió y desde que lo vi capté toda su fuerza y toda su intensidad. Y me llega especialmente porque de alguna forma me siento identificado con el protagonista: un tipo en un túnel, en su mundo o, como decimos en España, a su puta bola. Maldiciendo, rebelándose contra todo, aguantando las embestidas de todo aquel que pretende hacerle daño y que lo observa con una mezcla entre indiferencia y asco pero que, en realidad lo que consiguen es hacerlo más fuerte.

Un tipo que se despoja de todo lo que lo cubre, lo que no le sirve, que se desnuda, y cae. Y cuando parece que no puede más, se vuelve a levantar y sigue caminando hacia su desconocido destino cada vez más fortalecido, ignorándo incluso al único que parece que quiere ayudarle.

Hasta que al final, en su propia desnudez reune toda su fortaleza, sonríe y se siente inmortal.

lunes, 23 de mayo de 2011

¿Cambio real?

Tenía muchas ganas de escribir algo sobre este fenómeno que ha desviado por unos días la atención de los españoles hacia algo que hasta hace muy poquito parecía imposible: que se iniciara una corriente de protesta activa entre, en principio lo más jóvenes y seguido después por una masa heterogénea de personas y de edades, cada cual con sus problemas o sus inquietudes.

Quería esperar al día después de las elecciones para ver el alcance real de tales movilizaciones, aunque visto lo visto creo que aún nos queda mucho por hacer, porque el resultado ha sido más de lo mismo. Se ha castigado al PSOE, lo cual era de esperar, ellos solitos se lo han ganado. Pero la cuestion es ¿cómo se les ha castigado? Pues de la misma forma de siempre, con el otro partido, el PP.

Pero es que no hay más... Esto es lo que hay, bipartidismo, aunque yo entendí este fenómeno de movilizaciones de otra forma. Para mi era una buenísima oportunidad de castigar a ambos. De votar, lo que sea, pero votar. Y sobre todo darle una oportunidad de aparición en el escenario político a otras fuerzas minoritarias que obligaran a los dos más grandes a pactar y a pasar por el aro.

Sin embargo seguimos en lo mismo de siempre. Un día de playa cojonudo que daba flojera ir a votar y una forma de protesta a través de la abstención y del voto en blanco o el voto nulo que en esta ocasión, a mi modo de entender no era la mejor opción. Lo que ha provocado que sólo haya ido a votar menos del 50% de los españoles y que el nivel de abstención, votos en blanco y votos nulos rocen el 48% del voto total. Y asi no...

De todas formas no está nada mal que la gente haya salido a la calle a molestar, porque daño, lo que es realmente daño no se ha hecho mucho. Sin embargo se ha puesto una semillita importante y, sobre todo hemos empezado a creer en nuestra verdadera fuerza, la del pueblo que ha gritado que ya estamos hasta los cojones de tanto mangante. De que casos como el de la Diputación de Castellón, los eres de Mercasevilla, el caso Gürtell y tantos otros pasen sin más, cuando a un simple mortal por el impago de una multa de tráfico nos crujen.


Hartos de la dictadura bancaria, las únicas empresas que pese a la crisis mundial siguen aumentando sus beneficios año a año. Que reciben un dinero (nuestro dinero) del Estado para flexibilizar el crédito y se lo guardan en el bolsillo y si te he visto, no me acuerdo...y no pasa nada...

Hartos de datos como ser el quinto país en el número de coches oficiales en el mundo.



Hartos de los millonarios sueldos de nuestros políticos y de las sumas de dinero en pensiones vitalicias a los ex presidentes y ex ministros.

Hartos de ver como a los funcionarios se les recorta el sueldo, se pasan meses protestando y ni caso. Sin embargo, a los señores eurodiputados se les dice que ya no más viajes en clase bussines, que a partir de ahora habrá que viajar en clase turista para recortar gastos y se monta un cristo de tal calibre que tengan que recular y anular esa decisión...

Hartos de que estos mamarrachos tengan vía libre y que no pase nada. Que tengamos impuestos y precios europeos y sueldos que apenas han subido en los últimos 10 años.

Todas esas protestas están muy bien. Que la gente se movilice de verdad es lo que debíamos haber hecho hace años, y no sólo salir a la calle cuando celebremos algún título futbolero, lo cual veo muy lícito. Pero se me plantea una cuestión: ¿qué bases tienen esas movilizaciones? Y, ¿quienes están a la cabeza? Porque se me antoja que ha sido un poco una improvisación que, para empezar no está nada mal, aunque creo que debe perdurar en el tiempo de una forma realmente organizada para ser de verdad una verdadera fuerza que deje de molestar a la clase política para pasar a tocarle realmente los cojones.



Ha sido curioso ver las diferentes posturas que han ido tomando las fuerzas políticas a medida que iban pasando los días y veían que, no sólo no era algo anecdótico, sino que a la concentración inicial del 15 de mayo se le fue uniendo cada vez más acciones y más ciudades incluso fuera de nuestras fronteras. Y ha sido curioso observar cómo los diferentes medios de comunicación han ido tratando este suceso, sobre todo cuando comenzó a trascender más allá de nuestro país.

Posturas de rechazo e incluso de mofa y de ridiculizar este movimiento por parte del lado más conservador de nuestra política y un intento que yo no terminé de entender jamás de aliarse con esta movilización por parte de lo que se considera el lado más progresista de nuestro panorama político.

Lo que sí quiero alabar ha sido la impecable organización, respeto y seriedad de todos los acampados, sobre todo en Madrid que han estado a la altura de lo que son, gente de principios en oposición a los dirigentes políticos que han querido disuadirlos con la política del miedo y de la represión policial.

Pero eso sí, nuestros señores diputados, alcaldes y demás gente de mal vivir tontos no son. Chorizos y ladrones, si, pero tontos no. Y sabían que un intento de desalojo policial habría sido echarse aún más mierda encima, aparte de una locura por la cantidad de gente que se ha reunido.

Espero y deseo que esto sea sólo el principio y que los que están y los que quieran estar en el futuro sientan que el pueblo estamos detrás respirandoles en la nuca.

lunes, 2 de mayo de 2011

Vuelta a lo cotidiano.

Hoy termino mi periodo de 15 días de vacaciones. Mañana, a las 6:20 de la mañana sonará de nuevo el despertador con esa bella y armoniosa melodía que tengo programada en mi móvil y de nuevo comenzará el ritual de cada mañana: retrasar el despertador 10 minutos más, ir al baño, vestirme, desayunar, sacar al Golfo para que haga sus necesidades y coger el coche para ir a la oficina y de allí irme a la plaza donde el cuadrante me manda.

Así día tras día, mañana tras mañana, con la única novedad de que me he encontrado con la sorpresa de que vuelvo a la plaza de la que nunca quise salir y donde mi trabajo me parece más llevadero.

Por la tarde, pues más de lo mismo. Tras una pequeña siesta para recuperar fuerzas, iré a la casa de las dos niñas a las que les doy clases particulares, las cuales, dicho sea de paso están sacando buenas notas desde que están conmigo.

Y, ¿qué he hecho durante estas vacaciones? Pues no gran cosa. La verdad es que he hecho de todo y no he hecho nada a la vez. Reseñable puede ser el acudir al ensayo de "Agreste", la nueva banda que han montado mis amigos Javi y Miguel, y sentir tras muchos años las sensaciones de un ensayo.

La verdad es que me dieron bastante envidia porque echo mucho de menos el estar dentro de la escena musical. Los ensayos agotadores, los conciertos más agotadores aún y, sobre todo esas magníficas discusiones a gritos con Miguel porque no doblo el bombo como debiera o esa manida frase que aún sigue utilizando de "no estas tocándolo como siempre". Aún no admite que...quizá...el que no lo está tocando como siempre es él...

Por lo demás, pues no gran cosa. Eso sí, el gran beneficiado de todo esto ha sido el Golfo, mi perro, que jamás había estado tanto tiempo conmigo y que nunca había dado paseos tan largos y tan agotadores. Tanto que en más de una ocasión se ha tumbado en el suelo negándose a seguir.


Es muy buena compañía el Golfete. La verdad es que es una responsabilidad, pero no me arrepiento para nada el haberlo adoptado. Muchas veces pienso que ha sido un error, porque a estos bichos se les quiere mucho, y más cuando es tu única compañía y, me duele pensar que, en circunstancias normales le voy a sobrevivir. Y, ¿por qué pienso en esas tonterías? Pues no lo sé, pero a veces se me viene a la cabeza. ¿Ves, Ale por qué te digo que es tan malo pensar? Lo mejor es vivir, sin más, preocupándote de aquello que de verdad tiene importancia, que el resto se capoteará cuando venga y como se pueda.

Lo que me hace volver a mi actual etapa, la de ser práctico. Cada día estoy más convencido que es lo mejor (lo siento Gabriela, aún así espero que me sigas leyendo), o lo más cómodo. Hay que dejarse llevar. Viva la filosofía de vida de Homer Simpson: "Si algo es dificil y duro de hacer, entonces no merece la pena hacerlo".

No llevar esa filosofía a todo su extremo porque los extremos como tales no son buenos, pero sí dejarse ir y bregar con los problemas según nos vayan viniendo, porque vendrán, os lo aseguro.

Así que, casi por primera vez en mi vida no me da pena que se me terminen las vacaciones. La cotidianeidad a veces es un buen remedio para todos aquellos cuya cabeza tiene vida propia y necesitamos calmarla en ciertos momentos. Además, ¡que hay que levantar el paìs, coño!

lunes, 25 de abril de 2011

De concierto

Hace unos días, viendo una película sonó un tema que hacía años que no escuchaba. Un tema de un grupo californiano llamado Big Soul. Y me pasó lo que me pasa muchas veces cuando se me presentan de nuevo viejas canciones de grupos que siempre me han gustado pero que, por uno u otro motivo no tengo material de éste. Me pregunto ¿por qué nunca me compré un disco de esta gente con lo que me gustaban?

Quizá el problema principal sea el de siempre, el money, money, que no da lugar a tenerlo todo (afortunadamente) y, como siempre en la vida, hay que elegir.

La primera referencia de este grupo la tengo en un video, no se si de la MTV o de cualquier otro canal que vi en la tele que mi amiga Malena tenía en su bar, Gramola, templo y segunda casa de unos cuantos amigos donde pasamos muchas horas, quizá más de las que debíamos y donde hubo muchas risas y más copas.

El caso es que, por cuestiones extrañas del destino, no recuerdo de qué forma, me entero de que esta banda iba a actuar en Málaga. Pero no en uno de los recintos donde por aquella época se acostumbraban a ver los conciertos, sino en un garito del centro por el que posteriormente pasaron otras formaciones y solistas de cierto renombre: el Cosa Nostra, lugar donde también tuve el honor de tocar con mi último grupo, aunque mejor no hacer mención de ese concierto, ya que no fue de los mejores que dimos. Algún día hablaré por aquí de todo lo que pasó en esa actuación... merece la pena...

El caso es que convencí a mi amigo Miguel que en aquel entonces era el bajista de mi grupo para que me acompañara y los dos salimos muy satisfechos de lo que presenciamos. Entre otras cosas porque Big Soul tenían un sonido muy cercano al que teníamos en Efecto Placebo, el grupo en el que Miguel y yo tocábamos.

Era un escenario pequeño, pero suficiente para que el trío californiano desplegara todo su repertorio basado en una divertida mezcla de sonidos rock y ritmos funkys, donde a la voz se alternaban el guitarrista de origen japonés Kelleth Chinn y la bajista Caroline Wampole a la que Miguel rebautizó como "la hija del granjero", por su aspecto espigado y su vestimenta "flower power".

Así que creo que, teniendo en cuenta que sus discos tienen ya unos años, me pasaré por el FNAC donde, lo más probable es que estén asequibles de precio y, más de diez años después lo incluya en mi discoteca particular.

No ha sido el mejor concierto que he visto en mi vida (es difícil destronar a mis adorados Stones) pero si que fue uno de esos conciertos que sin conocer demasiado al grupo que toca uno sabe que no va a salir defraudado.

Os dejo un par de muestras, uno en el que a la voz está Kelleth Chinn y otro el en que canta la "hija del granjero".

P.D Por cierto, suelo visitar con cierta frecuencia las estadísticas de visitas del blog y, salvo los datos de países como Argentina, México, Reino Unido y España donde sé que tengo amigos que me leen, me llama la atención visitas bastante frecuentes desde Estados Unidos. De hecho, acabo de crear esta entrada y ya hay 9 visitas desde este país.

Por favor, pediría a quien o quienes me lean desde allí que se hagan notar, porque realmente tengo mucha curiosidad de quien pudiera ser.

Ya os dejo en paz, que disfrutéis de los vídeos.


lunes, 18 de abril de 2011

Y ahora, ¿qué?

Comienzo 15 días de vacaciones. Y los comienzo con las ideas muy confusas y los sentimientos muy embarullados. Entre un sí y un no en el que ambos tienen razones de peso para su existencia pero en el que ninguno destaca sobre el otro.

Si hiciera una lista de pros y contras lo tendría realmente difícil porque la cosa quedaría en empate. Más que nada porque me encuentro en una situación necesaria, que quizá se me haya ido de las manos pero que considero, a la vez que no está mal que se me haya ido porque, posiblemente comenzar una nueva etapa no está mal, aunque tampoco sería nada malo continuar, con matices, eso sí, con la etapa anterior.

Han sido muchos días, muchos meses, cinco años en los que mi vida cambió por completo y, en los que, desde hace cuatro años cada año nuevo me trae un nuevo suceso desagradable.

De todos se aprende y, sobre todo te enseña a relativizar todo y volverte cada vez más práctico. Aunque, dentro de la confusión en la que me encuentro, no sé si la practicidad es algo producida por mi actual situación o por la edad, que hace que todo lo que antes era de vital importancia deje de tenerlo o, al menos sólo tenga la importancia que debe tener…o que tú le quieras dar.

Alguien me dijo hace tiempo que debes ser consciente de tus limitaciones y tratar de convivir con ellas. Y, joder, sí que tiene razón, como casi siempre. Y así lo he aplicado a mi vida. Y soy más feliz. O quizá no…no lo sé. Porque no sé si eso significa ser conformista o es producto de ser práctico.

Por tiiiii contaría la arena del mar. Por ti, yo sería capaz de matar. Y queeeee si te miento me castigue Dios… esto con la mano sobre el Evangelio te lo juro yo….

Disculpadme, sólo estaba cantando. Me he dejado llevar por esta melodía, una copla clásica que estoy escuchando en el momento en el que escribo toda esta paja mental, que no es más que otro síntoma de este instante en el que me encuentro, en el que de momento estoy riendo a carcajadas y un segundo después me hundo en el más profundo agujero que pueda existir.

Sí, me he vuelto cada vez más práctico, o más pragmático… otra vez no lo sé. Quizá de nuevo sea verdad aquello de que las cosas pasan por algo. Ocurren cosas que no entiendes, situaciones por las que te rebelas jurando en hebreo y cagándote en la puta madre de todo. Y, de repente, tiempo después sucede algo que le da sentido a todo aquello por lo que sufriste tanto.

Y de eso sé un poco, os lo aseguro. Y, quizá das por bueno todo aquello por lo que tanto sufriste. Hay puntos de inflexión en tu vida en los que te das tal clase de hostia que de repente despiertas y ves todo aquello que los demás siempre te avisaron que debías cambiar, pero que, hasta que tú mismo no te das cuenta de que tienes un problema no puede comenzar realmente el proceso de recuperación o de cambio.

Tienes a tu alrededor gente que constantemente miran por ti, y…¡qué coñazo de gente!... no paran de decirte lo que debes o no debes hacer. Hasta que la propia realidad te da tal bofetada que reaccionas y decides darle otro rumbo a tu vida. ¿Más práctica? ¡Joder, que no lo sé! Cada uno decide cómo hacerlo. A mi no me hagáis mucho caso, ya os he dicho que ni siquiera sé lo que pienso en estos momentos.

Todo alimento necesita su tiempo de cocinado, aunque las instrucciones de las patatas de microondas te tutéen. Así que, en esta corriente pragmática dejaré correr el tiempo y que él decida por mi, que yo ya no tengo ganas de tomar más decisiones.

Así que comienzo 15 días de vacaciones en los que, lo que realmente me motiva es el fútbol y los próximos enfrentamientos entre Real Madrid y Barça… ¡manda cojones!