viernes, 18 de mayo de 2012


ADIOS A UNA REFERENCIA

Hablar de Donna Summer es hablar, principalmente de buena música, de una gran voz, de la reina de las discotecas setenteras y de una tremenda influencia en gran parte de las  voces negras, blancas o de cualquier color que quiera acercarse o atreverse con  la música disco.

Pero, en mi caso, hablar de Donna Summer es hablar de una referencia: la primera voz negra que me enamoró y que me hizo investigar por esos caminos que me llevaron al soul más clásico o a los divertidos ritmos funkys que hacía las delicias de cientos de pelos afros en las discotecas estadounidenses de los 70.

Gracias a esa investigación uno fue entendiendo que también se puede hacer soul siendo blanco y utilizando guitarras. Fui entendiendo cómo el rythm and blues no es más que la conjunción del rock and roll y del blues. Entendí también cómo el pop, considerado por muchos como ‘música blandita’ puede ser igualmente fruto  de la mezcolanza de estilos que no hace más que enriquecer y aportar, a pesar de escuchar en muchas ocasiones que la fusión empobrece.

Hace poco escuché una frase que me llamó mucho la atención: ‘el artista puro ha muerto’. Y no deja de tener razón, puesto que los mercados (malditos mercados que nos tienen como nos tienen) dañan la pureza, destruyen la creatividad, arruina la originalidad. Y todo por vender, por vender más que la competencia, aunque el producto vendido no tenga más duración que la de un mero objeto de consumo.

Pero volviendo al tema principal de esta entrada, la importancia musical de Donna Summer en mi vida parte de lo que he escuchado siempre en mi casa.

Mi padre, como testimonio musical en mi vida era un amante de la música clásica y, más concretamente de Von Karajan. Pero, a la vez tenía otros ídolos como Dionne Warwick (tía de Withney Houston), Barbra Streisand y la referida Donna Summer.  Tres grandes voces femeninas.

Y es, precisamente un sencillo grabado a dúo entre Barbra Streisand y Donna Summer titulado ‘Enough is enough’ mi primera toma de contacto con la primera voz negra que me impactó.



A ese sencillo se sumó una película llamada ‘Por fin ya es viernes’ que relataba la historia de un grupo de jóvenes estadounidenses de los 70 cuyo mayor ilusión era que llegara ese día para ir a bailar a la discoteca.

En esa película, Donna Summer me descubrió un tema que para mí se convirtió en la canción más significativa de la música disco: ‘Last dance’, con una línea de bajo espectacular que se me quedó grabada en la memoria.




Pero la que es sin duda alguna la mejor canción de su repertorio es ‘Bad Girls’ (¿verdad, Asun?), que ha sido cientos de veces versionada, aunque me quedo sin duda con la versión que os presento en este blog con Jamiroquai a dúo con Anastacia, otra grandísima voz soul negra, aunque blanca de piel.






Descanse en paz.

viernes, 24 de febrero de 2012

Un año ya…

Cómo pasan los meses, y cómo cambian las cosas en la vida en tan corto espacio de tiempo.

Hoy se cumple un año del nacimiento de este blog. Un blog que, a medida que se han ido sucediendo acontecimientos ha ido cambiando en temática, pero sobre todo en frecuencia a la hora de contaros cosas.

Como en todo, también en esto de escribir lo que a uno le apetece, y sobre lo que a uno le apetece el estado de ánimo juega un papel importante. Quizá es eso a lo que los creadores llaman ‘musas’. Pero, en cualquier caso, sea como sea, el desánimo personal o las musas no han permitido crecer a este blog como a mi me hubiese gustado.

La diferencia entre los principios y ahora es que, por una mayor estabilidad personal, casi cualquier tema me parecía interesante de ser contado. Sin embargo, en estos momentos en los que dicha estabilidad brilla por su ausencia pasa exactamente lo contrario: se me ocurren temas, pero, entre la falta de incentivos y la desgana en general creo que esos temas son absurdos. Igual de absurdos que los que he ido contando, seguramente, pero antes me sentía con más fuerza para expresarlos.

Y, por otro lado, el observar lo que cambian las cosas en tan sólo un año me anima. Me anima a pensar que solamente basta un segundo para que lo negro se vuelva blanco. Porque si hace tan sólo un año tenía una pareja y un trabajo y en un 'pispás' eso se va al carajo, creo que también en un simple 'pispás' puedo volver a una situación más favorable. Espero…

Pero en fin, que la experiencia es, ha sido y seguirá siendo muy gratificante, por lo que me resisto a darme por vencido y, aunque sea recurriendo a lo más fácil para mi, que es escribir sobre música, este blog seguirá en marcha y en él vosotros iréis viendo en qué estado me encuentro, porque no dejará de ser siempre un buen indicador de mi ánimo.

En este año he escrito de muchas cosas. De música, de política, de cuestiones que me han llamado la atención, de mis costumbres… etc. Hasta de una bolsa de patatas que se permitió el lujo de tutearme descaradamente. Y en este tiempo he recibido todo tipo de visitas de muchas partes del mundo.

La lista de visitas por países la encabeza, como es lógico mi España de mis amores y mis sufrimientos (gracias por vuestra paciencia), seguido de México (gracias, Manu y Sarita), Estados Unidos, Argentina (gracias, Sebas, Paula y Gus), Alemania, Reino Unido (gracias, Marina por leerme el tiempo que estuviste allí), Rusia, Canadá, Chile, Colombia, y más países entre los que me llama la atención 5 visitas en Moldavia…

La entrada más leída ha sido la protagonizada por Celia, la hija menor de mi ex. Aquella que hablaba de los pastores alemanes que no se ríen, que está muy destacada sobre la segunda entrada más visitada que es la que le dediqué al grupo argentino Les Luthiers.

Y eso se debe a que muchos de mis lectores han llegado a mi blog a través de Google empleando palabras e imágenes de búsqueda que les han hecho llegar hasta mi modesto espacio de desahogo personal.

Parece ser que no es nada extraño que la gente se acuerde de Rex, el perro policía, aunque sí me resulta más raro que una de las búsquedas más usuales sea el de la imagen de alguien con un globo de chicle explotado sobre la cara. Porque esas dos búsquedas son las más numerosas a la hora de llegar hasta aquí, y han sido las que han puesto en primer lugar a la entrada a la que me he referido antes por encima de la segunda entrada más leída en casi el doble de visitas.

No sé qué me espera de aquí en adelante. Espero y lucho por que sea algo mejor, pero, aunque sea sólo a ratitos, seguiré empleando este espacio como lugar para compartir.

Muchas gracias a todos por dedicar unos minutos de vuestras vidas en leer mis desvaríos.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Otro más.

Es un título optimista, que no viene mal con los tiempos que corren. Porque se trata de un año pasado más, o uno menos por pasar. Sin embargo, en un intento, a veces más forzado que natural de optimismo, prefiero pensar en positivo. No sé para qué, pero al menos parece que da menos quebraderos de cabeza.

Uno se hace mayor, de eso ya he hablado en más de una ocasión. Y en ese proceso uno se toma las cosas de una forma más tranquila, o más estóica. El caso es que los fines de año, o los comienzos de años nuevos es algo que hace ya tiempo que no me emociona en absoluto. Básicamente porque no son más que sucesiones de días como los días anteriores y los que vendrán, pero que en esa obsesión del ser humano en ordenarlo todo perfectamente organizadito, los dividimos en años, meses, días, horas, minutos, segundos… Y no es más que eso: un día tras otro, tras otro, tras otro…

Pero, en ese instinto de supervivencia que poseemos al nacer, nos produce placer despedir el año con la esperanza de que el siguiente sea mejor o, por lo menos igual que el anterior, según cada caso.

Por supuesto, el que más y el que menos tiene su lista de buenos propósitos para el año nuevo. Propósitos que se repiten un año tras otro cual día de la marmota y que dura con fuerza los dos primeros meses del año, pero que, según avanzan los días nuestra propia rutina y ausencia de fuerza de voluntad se encarga de ir minando. Siempre por motivos más que justificados, por supuesto.

Y lo despedimos/recibimos con todo tipo de supersticiones en forma de oro en la copa de cava, ropa interior roja o, comiendo lentejas el primer día del año. Agarrándonos a lo que sea con tal de mantener esa esperanza, cuando lo realmente divertido de esta mierda de vida es que las cosas sólo necesitan de un mínimo segundo para que sucedan, y a esas cosas les dan igual que ese segundo suceda en un año o en otro.

Personalmente mantengo una costumbre que ya comenzó mi padre hace… no sé realmente cuando comenzó, porque desde que tengo uso de razón (no hace tanto de eso) recuerdo el mismo rito año tras año: cuando suena la última campanada con la que finaliza el año anterior y comienza el nuevo suena en mi casa una versión del ‘Jingle Bells’ interpretado por la orquesta de Paul Mouriat.

En mi memoria estarán siempre los días 31 de diciembre preparando ese cassette bastante deteriorado, cuya cinta sufrió el recorte y posterior pegado con pegamento fruto de la cantidad de años de uso, único uso en los finales de año.

Y recuerdo la alegría que me produjo encontrar, tras años de búsqueda ese disco en algún lugar de la red, lo que posibilitaba la opción de jubilar de una vez por todas esa cinta que ya dio todo lo que pudo dar de sí.

Y lo sigo haciendo, no por superstición ni porque pienso que si no lo hago sonar algo falla, sino porque me parece una bonita forma de perpetuar una sencilla costumbre que, no sé por qué motivo a mi padre se le ocurrió comenzar no recuerdo qué año.

Tras el sonido de la última campanada brindaremos, nos abrazaremos, nos besaremos, y bailaremos la recopilación de música basura que una de mis hermanas me ha encargado. Y nos iremos a dormir cada loco con su tema: algunos contentos porque por fin se fue este año y seguro que el siguiente será mejor. Otros con aquello de ‘virgencita, virgencita, que me quede como estoy’. Y yo con la ilusión de que llegue ese segundo que cambie algunos aspectos de mi vida.

Pero, en fin, por hacer alguna petición, pido que los que están en mi día a día sigan estando.

Y por muchos años.

Feliz año 2012 a todos.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Saca la bota, María

Pues así reza parte de uno de los villancicos más cantados en estos días. Que, pensándolo bien, se pone uno a pensar en las letras de ciertos villancicos populares y, después de un minucioso análisis te das cuenta que alguno es para hacérselo mirar.

Pero, en fin, que puestos a felicitar unas navidades que no siento como fiesta ni como nada especial, he preferido hacerlo a través de mi espacio personal. Mi rinconcito donde a veces hago terapia sin tener que pagarle a ningún psiquiatra.

Y para ello me he ambientado. No, no me he vestido de Papá Noel, aunque tenga envergadura para ello, ni de niño Jesús, más que nada porque quedaría ridículo en pañales a mi edad. Me he ambientado poniéndome el disco de villancicos que ha sacado mi admirado Michael Bublé este año. Pero ni así.

Creí que el swing me ayudaría a que, al menos penetrara en mi una mínima gotita de ánimo navideño. Pero no hay forma.

No sé si es que cada año soy más escéptico, mas cínico, o que el tiempo tan estupendamente primaveral que estamos disfrutando en Málaga ayuda poco a sentir ese sentimiento. La cuestión es que me he despertado tarde, como mandan los cánones del fin de semana y me he dado cuenta que estoy más cerca del Mr. Scrooge del 'Cuento de Navidad' de Dickens que de cualquiera de las felicitaciones que he recibido con todo tipo de pompa, alegría y rín rín de los villancicos.

Acabamos de empezar, y aún queda tiempo para que, como en el maravilloso cuento de Dickens que siempre me traerá a la memoria a mi padre, el Mr. Scrooge que llevo dentro este año se transforme en el mismo que renace tras la visita de los tres fantasmas de la Navidad. Pero hoy por hoy... nada... si me pinchas, no sangro.

Lo más triste es que el tiempo, las preocupaciones y las prisas del día a día hace que ya ni siquiera eches de menos a los que te gustarían que siguieran contigo. Te acuerdas de ellos, sí, sobre todo del que siempre tanto disfrutaba de estas fechas, pero como ya has aceptado que ya no podrá ser, pues te acuerdas, y esbozas una mínima sonrisa al recordarlos, pero nada más.

Supongo que el no tener hijos ayuda a este escepticismo, porque los que realmente viven estas fiestas son los dos extremos: los niños, cuya inocencia (bendita inocencia), ayudada por una programación especial en la tele, y por unas vacaciones donde olvidan sus obligaciones disfrutan en estos días. Y los abuelos, que, quizá pensando en que ya no les quedan tantas navidades por pasar, se les cae la baba reuniendo a todos en sus mesas y contando eso de 'cuando yo era joven...'

Pero no. Yo, ni tengo hijos ni tengo abuelos. Sólo tengo un perro al que estos días le dan igual. Él, con poder dormir cómodo, estar encima mío cada vez que le apetece y que le ponga su comida ya es feliz. Es más, el año pasado le compré una comida un poco más especial por Navidad y ni la olió, porque esa no era su comida de siempre.

Así que solamente me queda una opción: 'Saca la bota, María, que me quiero emborrachar'.

Feliz Navidad a todos.

lunes, 21 de noviembre de 2011

De concierto

Cuenta saldada.

Hace años que tenía pendiente ver a M Clan en concierto y, muchos años después de proponérmelo, por fin lo conseguí.

Es verdad que no es lo mismo, porque de la formación inicial solo quedan Carlos Tarque a la voz y Ricardo Ruipérez en las guitarras y coros, pero menos es nada.

Atrás quedo esa maravillosa banda formada por éstos dos ya mencionados además del guitarrista Santiago Campillo, el bajista Pascual Saura (D.E.P), el teclista Iñaki Uribe y nuestro ex Black Jack Juan Antonio Otero a la batería.  Ese grupo que en su primer disco 'Un buen momento' se marcharon a Memphis a imbuirse del espíritu de Elvis para hacer un gran trabajo lleno de rock sureño muy cercano a los estadounidenses The Black Crowes.

En mi modesta opinión, M Clan ha llevado una trayectoria que ha ido separándose de su línea original, sobre todo después de su directo acústico 'Sin enchufe' tomando caminos mas pop, más comerciales, quizá, pero que siempre ha dejado un ligero olorcillo a rock, soul y blues. Hasta que en el pasado año el dúo Tarque - Ruipérez editaron su último álbum 'Para no ver el final' grabado en un estudio pero en directo, a la antigua usanza, con un sonido mucho más directo y sobre todo recuperando mucho del blues rock y el soul de antaño.

Pues bien, el concierto se celebró en la sala Paris 15, escenario que yo aún no conocía y del que me llevé una gratísima sorpresa por su buena acústica, y una muy buena organización a la hora de la entrada y salida del evento.

La sala estaba llena en poco más de la mitad, aunque poco a poco, a medida que el concierto se iba desarrollando iba entrando más público hasta llegar a sus tres cuartas partes, lo cual nos vino muy bien a Isa, mi gentil acompañante y a mi que no nos gustan nada las aglomeraciones y disfrutamos como niños (yo más que ella) al fondo de la sala sin apenas molestias.

Hubo algo que me llamó muchísimo la atención, sobre todo porque yo soy un enfermo de la puntualidad, y mucho más cuando voy a algún evento con una hora programada, y es que la gente seguía entrando con el concierto bastante empezado. Porque, vale, puede ser que algunos tengan su salida laboral a una hora que no les permita llegar antes, pero lo que no me explico es cómo, tras más de una hora de concierto e, incluso estando éste en su tramo final, había público que seguía entrando a la sala.


Musicalmente yo disfruté mucho de una banda muy buena sobre el escenario. Tarque es un animal de directo. Se lo trabaja muy bien e, incluso me llegó a recordar en ciertos momentos al mítico Miguel Ríos en muchas de sus poses. Vocalmente tiene una voz privilegiada para el rock, blues y soul que predican, aunque no se mostró muy locuaz.


Ruipérez estuvo en su papel. Correcto en la guitarra y correcto en los coros, aunque mucho menos dinámico que sus compañeros de escenario.

El resto, de músicos, Iván González (bajo) y Coki Giménez (batería), Prisco a la guitarra y el trío de metales 'No Reply', con saxo, trompeta y trombón estuvieron a la altura sonando como los M Clan que yo conocí en los 90, con excepción del bajista que, a mi manera de ver tocaba con estilo más agresivo que el desaparecido Pacual Saura.

En cuanto al repertorio eché de menos más referencias a sus tres primeros discos. Se dedicaron a promocionar más su último trabajo que ya lleva más de un año en el mercado y lo mezclaron con sus éxitos comerciales más sonados. Por supuesto no falto 'Llamando a la Tierra' (no me gusta nada ese tema), 'Carolina', la 'Maggie' de Rod Stewart, 'Roto por dentro', 'Miedo', etc. Es decir, un set list más comercial o, por no decirlo así, de mayor éxito en las radiofórmulas.

Está claro que no llueve a gusto de todos y no puedo pretender que una banda que lleva 9 discos en el mercado dedique sus conciertos a sus tres primeros discos más el último obviando el resto que fueron los que realmente lo lanzaron al gran público.

En cuanto a formación no eran los M Clan que a mi habría gustado ver, ni musicalmente fue el concierto que a mi me hubiese gustado disfrutar, pero con todo y con eso eso salí muy satisfecho de una noche de rock, blues rock y muchos retazos de soul.

lunes, 10 de octubre de 2011

La percha de las 'guantás'

Tengo muy buenos amigos en Cataluña. Concretamente en Barcelona, ciudad de la que me declaro locamente enamorado.

Gente estupenda, con una nobleza, un sentido del humor y una concepción de la amistad que pocas veces he percibido.

Siempre que he ido a visitarlos me han tratado con un cariño, una dedicación y una atención exquisitas.

Mi amigo Ignasi, sus hermanas, Marta y Pili, mi Asun de mi vida, su marido Alfredo, y mi amigo Jose  con el que menos contacto tengo pero que las poquitas veces que lo he visto me ha llenado de cariño y de muchas risas.

 Por otro lado, para que se entienda bien el motivo de esta entrada en el blog, tengo que decir que, los que me conocen saben que soy una persona moderada. Me alejo de los extremos porque me dan pavor, y de política no entiendo.

Y menos aún entiendo de nacionalismos. No sé qué debe sentirse para declararse de tal o cual país, región, religión, incluso hasta de equipo de fútbol. Quizá porque creo que los problemas reales están en otras cuestiones.

Considero que soy español porque mis padres lo eran también y, porque, por circunstancias me tocó nacer en una porción de tierra que oficialmente se llama España, y que está, a su vez, subdividida en regiones y a mi me tocó nacer en una llamada Andalucía.

No entiendo de banderas, ni de fronteras. Creo en la gente, más concretamente en la buena gente, y me da igual si esa buena gente es de España, de Japón o de las Islas Feroe.

Al igual que detesto a la mala persona. Al que humilla, al que utiliza su poder para pasar por encima de todo, al que hace daño y, sobre todo al que habla sin saber… esos me ponen de los nervios.

Y por aquí va el tema en cuestión. Unimos esas tres cuestiones, mis lazos emocionales con Cataluña, mi completa ausencia de fe en los nacionalismos y mi rechazo al que habla sin conocimiento y sale el tema del que quiero escribir hoy.

Como dice un buen amigo, parece que los que hemos nacido en Andalucía somos últimamente “la percha de las guantás”, es decir, que somos los imbéciles de turno a los que atacar porque, según se considera en el noreste de España y más concretamente en esa tierra que tanto adoro, Cataluña, Andalucía es considerada como uno de los baluartes de España.


Declaraciones como las de Puigcercós, como las de Artur Mas y, en estos últimos días las de Durán i Lleida provocan que hasta un tipo moderado en estas cuestiones como yo diga que ya está bien. Que nos dejen en paz, que ya bastante tenemos con la imagen que el cine español ha dado durante años sobre los andaluces para que encima estos tipos vengan ahora a seguir calentando al personal por algo de lo que, como he dicho antes no tienen ni puta idea.

Pugicercós: en Andalucía no se pagan impuestos. No, claro, no se pagan. Lo de Hacienda, los recibos de impuestos de circulación, las aportaciones a la Seguridad Social, etc., esos son sólo folletos informativos que nos mandan a casa por si algún día queremos colaborar como si fuese el Domund.

Artur Mas: a los andaluces no se les entienden al hablar.  Pues no sé, porque siempre que he salido de Andalucía, e incluso cuando he salido de España a mi me han entendido perfectamente, y puedo asegurar que es difícil, porque vocalizar no es precisamente lo mío.

Cierto es que si nos metemos en la Andalucía profunda podemos encontrar especímenes a los que es realmente complicado entenderles por lo apretado de su forma de hablar, pero eso es algo que pasa en todas las regiones del país, porque os puedo asegurar que tratar de entender a un gallego que no ha salido de su aldea en toda su vida es realmente complicado. Lo mismo de un catalán de los pueblos del interior.

Durán i Lleida: (nótese que no he querido tocar los cojones porque estaba pensando en escribir Durán y Lérida) Los impuestos los paga el catalán para que el agricultor andaluz cobre el PER y se pase el día en el bar del pueblo. Porque haberlos, haylos, es cierto, pero afortunadamente no es la gran mayoría, y el resto curra. Pero además curra mucho de sol a sol, en campos duros de trabajar para ganar cuatro mierdas de céntimos.

Me parece bien, lógico, loable y, hasta recomendable que uno luche por lo suyo y por los suyos, pero no a toda costa. Deja en paz a tu vecino que bastantes problemas tiene ya para que encima nos vengas con llantos desde la comodidad de tu poltrona y de tu cuenta millonaria de sueldo de político. Sueldo que no quieres perder (otro tipo de subsidio) y que intentas mantener calentando al personal poniéndolos en contra de los demás para, quizá tapar las muchas carencias que tú tienes en tu propia casa.

No me voy a meter en que si ellos hacen, no hacen, o dejan de hacer. No es mi estilo, entre otras cosas porque veo estúpido e infantil aquello de “pues anda que tú…”

Y el que quiera ver en este artículo un ataque a Cataluña y a los catalanes va por mal camino además de no haber entendido un pijo de nada de lo que acabo de escribir, porque repito: me da igual que el imbécil sea de Cataluña, de Cantabria o de donde sea. El imbécil, nace imbécil, crece imbécil y muere imbécil. Es lo malo de tener una tara de nacimiento, que la llevas contigo de por vida.


Mi amiga Asun se queja de que está harta de que siempre que sale de Cataluña siente que tiene que pedir disculpas por ser catalana. Y la entiendo, porque con estas declaraciones que estamos sufriendo últimamente por parte de una minoría política catalana vamos a ser también nosotros, los andaluces lo que tengamos que ir pidiendo perdón por ser andaluces.

Y después de pedir perdón contaremos un chiste, para completar el pack de tópicos.

He dicho.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Cosas veredes (y en ocasiones, probares)

Ayer por la tarde, yendo de acompañante estuve en un centro comercial. Una gran cadena de hipermercados de nacionalidad francesa... que estuve en el Carrefour, vamos... y me acordé de que mi querida hermana Sandra me comentó que habían puesto a la venta unas patatas fritas moradas que estaban, mmmmmmmm, ¡¡¡buenísimas!!!

Yo, que soy bastante caprichosito y que, además me encanta probar nuevas guarrerías varias , fui raudo y veloz a buscarlas y, al ver las fotos donde en el paquete se muestran dichas patatas desconfié bastante del supuesto maravilloso sabor que mi hermana predicaba. Más que patatas me parecían pequeñas costras de heridas o granos secos... bastante asquerosillo, lo admito, pero esa fue la sensación que me produjeron esas fotos.

Sin embargo seguí adelante con la compra confiando en el gusto de mi hermana y confiando igualmente en que las fotografías del paquete no hacían justicia con el sabroso manjar que contenía la bolsa.

No quise esperar más, así que esa misma noche, al llegar a casa hice una cena en función de aquellas patatas, es decir, algo de picoteo para combinarlas.

Y en ese momento comenzó el desastre...

Efectivamente, las fotos del paquete no hacían justicia, porque el sabor fue aún peor del que se podía suponer al ver esas imágenes.

¡¡¡Saben a patatas fritas quemadas y, ademas, sosas!!!

Buscas información por Internet y encuentras cosas como: " No parecen lo que son: patatas chips de un atractivo color violeta. Simulan pétalos de flores... pero su sabor es totalmente a patata, saladita, crujiente, deliciosa."

Efectivamente, no parecen lo que son, porque donde unos ven " patatas chips de un atractivo color violeta. Simulan pétalos de flores", yo veo patatas negras que simulan eso mismo, patatas negras de haberse quemado.

Y donde unos aprecian "sabor totalmente a patata, saladita, crujiente, deliciosa", yo degusto un sabor a patata, sí, pero quemada, sin sal, amarga... eso sí, crujientes sí que lo son, seamos justos.

Así que después de malgastar 1,70 € (encima son caras), llego a dos conclusiones:

- Que a mi hermana Sandra, Dios le conserve la vista, porque el gusto es para mirárselo.

- Que estos del Carrefour, una de estas tres opciones: o son unos cachondos, o tienen un maravilloso equipo de marketing que son capaces de vender como delicatessen las patatas que se les queman o tienen el gusto donde la espalda pierde su casto nombre.

Aún así, me conozco y cuando vea alguna otra guarrería al alcance de mi malherido bolsillo, iré rápido a probarlo a sabiendas que, quien con fuego juega, al final se quema. Y, hacedme caso, de eso sé un poco, y no sólo por el quemado de estas patatas.

viernes, 26 de agosto de 2011

Para tontos

Mi amiga Asun, en una de nuestras interminables conversaciones telefónicas me leyó ayer la moraleja de una fábula que le habían enviado que me hizo reir. Fue una risa en la que se mezclaba el humor y la ironía por lo que dicha moraleja decía, y le pedí que, por favor me enviara el texto completo.

Una vez recibido, me acordé de cuando nuestros padres nos decían que en la vida más vale pasar por tonto que por listo, algo que no lograba entender hasta que la vida me puso en situaciones en las que la estrategia del tonto me valió para salir airoso de situaciones complicadas.

Porque, en efecto, aquel tipo que me preguntaba tanto debió pensar de mi que yo era un estúpido irremediable. Pero lo que no sabía es que mientras más estupido era yo, más lo era él por caer en mi estrategia.

Así que aquí os dejo la fábula. Muy recomendable para ser utilizada en ciertos momentos de nuestras vidas:

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños recados y recibiendo limosnas. 
  
Diariamente, algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centimos y otra de menor tamaño, pero de un euro. Él siempre tomaba  la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.  
 
Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había  percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió: 
- Lo sé señor,  vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el juego se acaba y no voy a ganar más mi moneda. 
Moraleja: 
'El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser tonto delante de un tonto que aparenta ser inteligente'.

Dedicado a aquellos que entre el 2003 y el 2005 pensaban que me estaban hundiendo. Hoy puedo ir con la cabeza bien alta. Ellos, no.