martes, 3 de septiembre de 2013

Siempre

Dicen los que mejor me conocen que mi capacidad o mi forma de expresión es rica en vocabulario y en recursos.

Los hay que afirman que tengo la manía de buscar siempre la palabra exacta para describir lo que estoy contando o lo que estoy expresando.  Y me he encontrado más de una vez con quienes me han llegado a decir…’perdona, es que yo no soy como tú, que siempre buscas la palabra correcta´.

Es más… hay quienes me han dicho que soy un seductor con las palabras y que lo que digo derretiría a cualquiera. Pues no sé, porque bien, lo que se dice bien, no me va, ni sentimentalmente, ni laboralmente, así que algo falla…

Vamos, que soy, lo que se suele decir, un tío con mucha labia.

Es cierto que mis padres siempre han incidido mucho en que una buena capacidad de expresión es un valor muy positivo, y se han preocupado en que hablemos de forma correcta. Y estoy de acuerdo en que una sólida forma de expresión es una buena carta de presentación.

Al respecto, me ha ocurrido algo significativo en los últimos meses. Como ya muchos sabéis alquilo habitaciones a estudiantes, trabajadores, y otras gentes de mal vivir, y en el mes de julio un chico, futuro estudiante de Derecho se interesó por una de ellas.

Toda nuestra comunicación fue a través de whatsapp, y sólo por la sorprendente capacidad de expresión de un chico de 18 años, y porque escribiendo era yo el que usaba más abreviaturas que él, ya me gustó como posible inquilino. Afortunadamente, se ha quedado con la habitación.

No es que sea más o menos repelente que nadie… que puedo entender que alguien me considere así. Lo que me pasa es que, cuando expreso sentimientos, o cuento alguna anécdota, siempre trato de que mi interlocutor capte la esencia de lo que estoy contando o lo que estoy expresando. Por ello, muchas veces me atasco tratando de buscar esa palabra correcta, esa palabra exacta que defina a la perfección lo que quiero decir.

Sin embargo, hay palabras que considero que no se deben decir así como así, a la ligera. Evidentemente, un ‘te quiero’, o su antónimo, ‘te odio’, son expresiones que debemos tener mucho cuidado al decir, porque no todo el mundo las merece.

Y, en ésta línea, no es que tenga palabras tabú, sino que, más bien, tengo palabras que reservo solamente a momentos o personas que son merecedoras de ellas.

Y una de éstas palabras es la que da título a ésta entrada: ‘siempre’.

‘Siempre’ es una palabra que, para mi lleva implícita una carga importante. Decir ‘siempre’ es una forma notable y peligrosa de comprometerse… y para mi, el compromiso es un valor con el que también hay que tener mucho cuidado.

Asegurar que ‘siempre’ ocurre algo es más o menos fácil, puesto que solemos decirlo cuando sabemos que sucede una y otra vez sin excepción. Pero decirle ‘siempre’ a una persona, y más cuando se tratan de sentimientos… ¡cuidado! Nos estamos pringando hasta el cuello.

Yo lo he dicho en multitud de ocasiones, y, como todo, a veces me ha salido bien, y otras veces me ha salido mal. Pero la culpa de que haya salido mal no es mía. Porque cuando yo lo digo, lo digo de forma sincera y convencido de a quién se lo estoy diciendo y por qué se lo estoy diciendo. Si con el tiempo, y con los actos, te das cuenta de que te has equivocado de persona te sientes algo estúpido, pero con la conciencia tranquila, porque el que ha fallado no has sido tú.

Por eso mismo cada día soy más cauto. Sigo pensando que una buena capacidad de expresión es un valor importante en las personas, pero las circunstancias, las experiencias y los errores…otra vez los errores, me hacen cada vez más selectivo a la hora de decirlo.


Otro día hablaré de los insultos…

domingo, 11 de agosto de 2013

¡¡¡Joder!!!

No sé si el problema soy yo o son los demás. El caso es que uno es como es, con sus virtudes y sus defectos. Y seguro que más defectos que virtudes, pero llevo una época en la que voy pasando por situaciones que, como mínimo me sorprenden, y mucho.

Yo soy como soy. Tanto para lo bueno como para lo malo. Y, como todos, tengo mis cargas, mis traumas, mis complejos, mis miedos, mis pavores, mis dudas. Pero eso no quiere decir que, ni trate mal a nadie, ni traicione confianzas, ni sea un maleducado y, ni mucho menos un desagradecido.

Y me equivoco. Muchas veces. Quizá más de las que me gustaría. Y me jode, no porque quiera ser perfecto, ni porque mi orgullo no me permita aceptar un error, sino porque considero que soy lo que soy gracias a mis aciertos, pero, sobre todo a mis errores. Y, porque pienso que, si estoy como estoy es precisamente por eso, por mis errores.

Aunque si os digo la verdad, doy gracias por haberme equivocado, y, aunque no sea de mi agrado, espero equivocarme muchas veces más, porque son todos esos errores los que forjan mi personalidad, mi forma de ser. Forma de ser que, aunque suene engreído, me gusta y de la que me enorgullezco.

No soy ni más, ni menos que nadie, pero tengo algunas cosas muy claras: cada individuo es como es, independientemente de los demás. Y por muy malas experiencias que haya tenido con algunas personas durante mi vida, no trato a todo el mundo de la misma manera, porque cada uno tiene sus circunstancias, y cada uno tiene su forma de ser y de pensar.

Por eso, aunque venga de unos meses que prefiero ni pensar, eso no quiere decir que tenga que estar de uñas con el mundo. Lo he pasado mal, muy mal con una persona, sí. Una persona que me ha demostrado que, al final, las cosas no son tan importantes como uno a veces las quiere ver. Una persona que me ha demostrado con sus actos… o, mejor dicho, con sus no actos, que no merece la pena ni el más mínimo recuerdo.

Aunque a esa persona tengo muchas cosas que agradecerle. Agradecerle que durante una etapa me dio vida, que me hizo ver con mi  comportamiento hacia ella que hay cosas en mi que no me gustan y que peleo por cambiar. Pero sobre todo agradecerle que ha sido mi mayor error personal y, aunque suene duro, de ahí he sacado el mejor aprendizaje.

Sin embargo, eso no significa que si se me presentan en la vida otras opciones u otras oportunidades, las descarte porque ayer lo pasé mal con una experiencia anterior. Básicamente porque eso es algo que, lo único que hace es cerrarte puertas. Es privarte de experiencias que, quizá son las que tú demandas. Privarte de compañías que te pueden hacer bien, que te pueden aportar y que tus propios miedos y tus frustraciones te impiden disfrutar por el simple hecho de estar encabronado con el mundo solamente porque alguien… una persona… te ha hecho daño…

Afortunadamente no todos somos iguales, y yo soy como soy… trato de ser amable y educado con todos, porque así es como creo que debe ir uno por la vida. O, como suelo decir, me gusta tratar a los demás como me gustaría que me trataran a mi, aunque esa forma de pensar me dé más disgustos que satisfacciones. Pero, ni voy a cambiar, ni nadie va a hacer que yo cambie ese aspecto de mi personalidad, porque creo firmemente en ella, por muchos sinsabores que me dé a cambio.

Como suelo decir, la vida es tan puta que no te da tregua, y eso es lo que la hace tan divertida y tan apasionante. Y, como mencioné hace pocos días, me quedo con una reflexión que escuché en una película, en la que un psicoanalista le decía a su paciente que, en la vida hay tres tipos de días: están los días malos, que, afortunadamente son pocos; los días buenos, que, por desgracia, son pocos, y los días normales, que son la mayoría, y son con esos días normales con los que debemos aprender a convivir. Y ahí radica el problema, que a algunos, la monotonía nos desespera, y necesitamos incentivos en la vida… no aprendemos a vivir con la normalidad.

Pero me rebelo. Me rebelo ante las cosas forzadas. ¡Coño!, las cosas son mucho más fáciles. ¿Por qué tenemos esa estúpida manía de hacerlo todo tan difícil? ¿Que estás mal? ¿Que he tenido muchos problemas? ¿Que he pasado por momentos muy difíciles? ¡Joder, yo también! Pero intento dejar todas esas cosas atrás, porque sé que llevar todo eso a cuestas, lo único que me va a suponer son más problemas aún y, sobre todo, va a ser una venda en mis ojos y en mi alma que no me va a permitir ver momentos, personas, situaciones, detalles de la vida que son dignas de vivir o, por lo menos hacer el intento o darse la oportunidad de conocer.


Repito, ni soy mejor, ni peor que nadie… sólo es que creo en mi forma de ser…aunque mi mayor problema y mi mayor enemigo soy yo mismo y mi autoestima… ¿paradójico? Sí, lo sé…

miércoles, 29 de mayo de 2013

Por enésima vez.

Se produjo el milagro. Aquí estoy de nuevo, no sé cuánto tiempo duraré en esta enésima etapa, pero prometo que trataré de estar por aquí el mayor tiempo posible.

La culpa la tiene el pasado viernes por la noche, día en el que, tras largos meses de desaparición me reencontré con viejos amigos que siempre me demuestran que cuando construyes una buena base, la amistad resiste a pesar del tiempo.

Y más concretamente, gran culpable de que esté de vuelta por aquí, es mi amigo Juanma, el Sr. Liceras, un tipo al que siempre he admirado profundamente y del que siempre aprendo.


Me regañó. Me regañó por abandonar éste espacio y le respondí avergonzado que no me sentía con los mismos ánimos, ni con la inspiración necesaria para contar cosas que jamás llegué a pensar que podrían interesar a nadie.

Y me volvió a regañar. Esta vez por pensar que lo que escribía no tenía interés alguno para nadie contándome que él sólo sigue dos blogs, y uno de ellos es este que tenéis delante.

Dejándome llevar por esta baja autoestima de mierda que me pesa tanto, y sorprendido por los comentarios de alguien tan significativo para mi, quise sondear hasta qué punto era cierto lo que Juanma me decía y lo comenté a más amigos, quizá los que podrían darme una opinión más sincera y más valiosa.

Y la respuesta fue sorprendente. Tanto mi amigo Ale, presente durante los reproches (con cariño) de Juanma, como mi Asun de mis amores, como mi ex, Isa me dijeron lo mismo. Opiniones especialmente considerables para mi puesto que son gente que sé que me quiere bien y que también sé que no me doran la píldora.

Así que aquí estoy de nuevo, tras unos meses turbios, extraños, emocionalmente complicados, en el que, como me dijo hace poco otro gran amigo, Sergio, me estoy conociendo a mi mismo más que nunca… aunque, joder, cómo duele conocerse de la forma que me estoy conociendo.

Madurando a hostias como dije en cierta ocasión en mi perfil de Facebook, pero haciéndome más fuerte y asumiendo que los errores a veces son más necesarios que lo aciertos, pues cuando los superas, el aprendizaje obtenido es de mayor valía.

Hace años se me ocurrió pensar que la vida es como un videojuego cruel, en el que has de pasar por cientos de dificultades para terminar la partida. Y como tal videojuego, es algo divertido, porque es tan puta que no te da tregua.

Lo malo es que en los videojuegos, al terminar la partida consigues a la princesa, o conquistas un territorio… en el videojuego de la vida, la pantalla final es una cajita de pino.

Ríes, lloras, te descojonas, te puteas, te putean, te regalan, te quitan, te aman, te engañan, te dan, te roban, aparecen, desaparecen, te ilusionas, te cabreas, te desilusionas, temes, te alegras… en fin… no hay descanso. Y eso, aunque a algunos les suene raro, es lo divertido para mi.

Y no sé, pero parece ser que el contar todo esto de mi vida a algunos les apetece leerlo, y no sólo eso, sino que, además les gusta, e incluso lo esperan.


Sois estupendos, que lo sepáis.

viernes, 26 de octubre de 2012

Historias de inquilinos. Segunda parte.


Y vamos con la segunda parte…

Estábamos en que el señor argentino desapareció sin avisar  llevándose consigo mi cámara de fotos sin cargador ni batería, y en mi casa seguía el genio cuyas maravillosas  ideas iban a cambiar el mundo. Así que renové los anuncios y, un buen día recibo un email de una chica interesada. La llamo y me explica que es de León, que ha venido a Málaga a buscar trabajo y que desea cambiar de piso porque tiene problemas de higiene con una de las compañeras con las que vive.

Tras más de 20 minutos hablando con ella, me cae bien y decido darle una cita para que vea mi casa y conocerla un poco.

Hay que explicar antes que, tras el fallecimiento de mis padres, mis hermanas, en un alarde de lógica aplastante deciden dejar el piso sin apenas muebles con la idea de ponerlo a la venta y el convencimiento de que se vendería fácil. Tres años después de la muerte de mi padre, aún sigue el cartel de venta. No entendían que, si querían vender el piso o alquilar habitaciones, el proceso debía comenzar por enseñar algo atractivo a los potenciales clientes, y no una casa oscura, sin muebles, ni cuadros, ni cortinas. Triste, lúgubre, vacía…

Por éste motivo, la chica de León decidió no quedarse con la habitación. Sin embargo mantengo el contacto con ella porque, unos días después me llama para dejarme su portátil para que se lo formateara.

Cosas de la vida, que, semanas después, ésta chica me llama un domingo al mediodía diciéndome que ha tenido problemas con la propietaria del piso donde decidió irse y que la echa de allí y no tiene a quien llamar porque no conoce a nadie en Málaga. Y yo, que ya lo decía mi madre, que de bueno soy tonto, le dije que iría a buscarla y se podría quedar en mi casa unos días hasta que encontrara otra cosa.

Pues bien, estando la chica en mi casa buscándose otro lugar donde vivir, me encuentro con un problema con el genio de los inventos. Problema que fue a más hasta terminar en una fortísima discusión en la que comenzó a insultarme e insultar a mis padres, por lo que decidí zanjar el problema dándole 3 días para largarse de mi casa.

Sudé para conseguirlo porque esos tres días fueron muy tensos, tanto que me los pasé alimentándome a base de tilas, pero tenía el apoyo de la chica que estuvo en todo momento conmigo ayudándome en lo que podía. Por eso mismo y, porque en las conversaciones que tuvimos vi que nos entendíamos bien le propuse que dejara de buscar sitios donde vivir y que se quedara en mi casa, a lo que ella aceptó con la condición de que la casa debía cambiar de aspecto, cosa con la que yo estaba totalmente de acuerdo.

Así, ya con el inquilino indeseable fuera, comenzamos a trabajar en el cambio de aspecto de la casa y, entre visitas a Ikea y al rastro lo conseguimos por muy poco dinero, dándole la vuelta hasta convertirse en un lugar acogedor y apetecible para vivir.

A partir de aquí comenzó una relación propietario-inquilina un poco sui géneris, porque la relación era cada vez más estrecha hasta el punto de llegar a una fuerte amistad.

Comenzamos a compartir momentos en casa, noches de películas y botellas de vino, le presenté a mis amigos y salimos con algunos de ellos. Pero, a medida que eso iba ocurriendo también comenzaba un proceso de manipulación por parte de ella en la que me fue aislando de la gente (principalmente chicas) con las que me veía, llegando a terminar bastante mal con algunas de ellas.

Me lo decían… de nuevo me avisaban, pero yo, ni veía ni creo que quisiera ver, porque a la misma vez que ocurría todo esto, ésta chica, con mucha más experiencia de la vida que yo me iba enseñando cada día cosas nuevas para mí en lo referente al manejo diario de la casa y me dio mucho apoyo en eliminar ciertas neuras automovilísticas que yo tenía (y aún sigo teniendo en menor grado, eso sí).

Fueron siete meses muy intensos, en los que pasé uno de los mejores veranos que he pasado en los últimos años, y me hacía falta algo así. Pero el precio a pagar ha sido muy alto.

No es fácil la convivencia conmigo, ya lo he dicho antes, pero menos fácil lo es con ésta chica que recurría al chantaje emocional para hacerme sentir mal, además de ser una persona tremendamente inteligente que sabía muy bien cómo darle la vuelta a las cosas para quedar ella por encima y ser la protagonista y el centro de atención en todo momento.

Las broncas se iban sucediendo cada vez con mayor frecuencia, hasta que una noche, tras salir de marcha, al llegar a casa a las 3 de la mañana, observo que al abrir la puerta de casa el perro no viene a recibirnos, con lo que me temo lo peor: efectivamente, se había quedado encerrado en su habitación y se había subido a su cama y dejado manchas de baba.
El pollo que se montó fue tremendo, y me exigió que le bajara el precio del alquiler, cosa a la que me negué.

La consecuencia de todo ello fueron días de muchísima tensión, peleas diarias sin miramientos hasta que decide marcharse de mi casa.

Tras varios días buscando algo donde quedarse en Málaga, no consiguió nada parecido a lo que tenía conmigo (tonto en Málaga sólo hay uno, y ya vivía con él), así que decidió marcharse a su tierra.

Los días anteriores a su marcha fueron difíciles, pero más difícil fue aún la despedida que, no por necesaria dejaba de ser dolorosa. No en vano fueron muchos meses con momentos muy buenos.

Se marchó y, sólo dos días después ya tenía apalabradas de nuevo dos habitaciones. Una, para un chico de primer año de universidad, y la otra para una chica, azafata de vuelo, con los que….hasta ahora…. estoy encantado, porque son tan discretos que hay veces que no sé si estoy en mi casa solo o acompañado.

Y ésta es, por ahora la historia de los inquilinos… eso sí, a grandes rasgos, porque daría para muchas partes.

Y me imagino que muchos estaréis pensando que si alguno lee esto podría enfadarse. Y es lógico, pero lo hago a sabiendas de que ningún de ellos conoce la existencia de éste blog.



jueves, 18 de octubre de 2012

Historias de inquilinos. Primera parte.


Ésta va de compañeros/as de piso, un tema que, tras una serie de experiencias, da de sí… da demasiado de sí. Por ello y, para que no se haga largo, prefiero contároslo en dos partes.

Porque está claro que cada uno es diferente. Cada cual es hijo de su padre y de su madre y todos tenemos nuestras manías, empezando por mi, que admito que no soy una persona con la que sea fácil convivir, pero tengo claro que la base de toda relación está en el respeto hacia los demás.

Después de las distintas experiencias que he tenido con varios inquilinos que han ido pasando en tan sólo un año desde que decidí poner las habitaciones de mi casa en alquiler, he llegado a la conclusión que soy como mi perro…o él como yo, porque se suele decir que los perros se parecen a sus dueños. Y en este caso es realmente cierto, porque tanto él como yo somos de la opinión de que, mientras no me toques los cojones, yo tampoco te los toco a ti. O, de una manera más elegante: tú a lo tuyo, que yo iré a lo mío.

La primera persona que vino a mi casa fue una chica. Una amiga de hace tiempo que vivía de alquiler cerca de mi casa pero que, al quedarse sin trabajo el pago de dicho alquiler le venía muy largo.

Una chica estupenda… algo rara, pero estupenda. Eso sí, tuve más tiempo en mi casa a su ropa que a ella. Hablamos de que le propuse venirse en abril y se fue trayendo cajas y cajas de ropa y apuntes de oposiciones, pero ella seguía en su piso.

Finalmente, tras mucho perseguirla y llamarla cientos de veces para ver qué narices iba a hacer, se vino no más de dos semanas a finales del verano de 2011 hasta que tuvo la enorme suerte de obtener un trabajo de lo suyo y, además en su pueblo.

Tras ella, vino uno de los grandes fallos de mi vida: un ex alumno de mis clases de informática para desempleados me llamó para que le echase un vistazo a su ordenador. En esa visita descubrí que vivía en una habitación de alquiler de la cual se iba a ir en breve porque es fumador, lo cual para mi no es un problema porque yo también lo soy.

Me lo avisaron… en serio que me lo avisaron… pero yo no hice caso y la cosa salió como salió.

Un tipo, o mejor llamarlo un personaje, o un vegetal que vivía de noche, dormía de día, desayunaba Coca Cola del Lidl y cuya filosofía de vida era ‘¿para qué buscar trabajo si no hay?’. Una mente brillante como pocas.

Un tipo que no sabía si ver ‘Arma Letal 4’ porque había visto la primera y la segunda, pero no la tercera y no sabía si le cogería el hilo a la cuarta. Una persona que se alimentaba de pasta, arroz y todo ello bañado literalmente en tomate frito de brick (no lo soporto) y mezclado con otros inverosímiles ingredientes de sabores inciertos. Una persona que se pasaba las noches jugando al ‘Batman Lego’ en la XBOX y que dedicaba sus horas muertas (todas sus horas) en tratar de encontrar una idea genial que nos hiciera felices a toda la humanidad y, de paso rico a él y de la que me hacía partícipe obligándome a hacer grandes esfuerzos por no descojonarme de risa con sus estupideces…porque lo decía completamente convencido.

Un personaje que pensaba que la mítica ‘Casablanca’ de Bogart era un documental sobre Marruecos, que pensaba que cualquier película anterior al 2000 era un clásico y no captaba su interés. Que hacía reflexiones del tipo absurdas como por ejemplo pensar que España no es un país desarrollado porque sólo hay que ver la cantidad de obras que hay por las calles de todas las ciudades, o que el frío es un buen indicador de la crisis que vivimos, porque los países más gélidos son los menos afectados ya que, según ésta incomprendida mente privilegiada, sus habitantes apenas salían de casa y se dedicaban más tiempo a pensar.

Yo lo miraba estupefacto cada vez que me venía con alguna de sus reflexiones y lo miraba con la duda de si era un completo estúpido o un genio.

Y en éstas que un amigo me habla de un conocido suyo que está buscando una habitación que alquilar. Y me presenta a un señor mayor, argentino con un problema de salud en su garganta que penas le permitía hablar con fluidez.

No me cayó mal, aunque dudé en si aceptarlo o no. Pero, forzado por la necesidad de encontrar inquilinos y, teniendo en cuenta que era una muy mala época para encontrar estudiantes puesto que las clases habían empezado unos meses antes y estarían todos ya instalados, tenté a la suerte y lo acepté. Craso error…

Estuvo en mi casa menos de dos semanas en las que mejor no os cuento porque hay experiencias muy desagradables para el buen gusto, incluso de tipo escatológico.

Sólo sé que una mañana, mi otro inquilino, el genio, me advirtió de que se había largado con todas sus cosas, dejándome a deber 70 euros y, con el tiempo descubro que se había llevado mi cámara de fotos, siendo tan estúpido de dejarme el cargador y la batería, por lo que nos hemos jodido los dos: él y yo.

CONTINUARÁ…

viernes, 18 de mayo de 2012


ADIOS A UNA REFERENCIA

Hablar de Donna Summer es hablar, principalmente de buena música, de una gran voz, de la reina de las discotecas setenteras y de una tremenda influencia en gran parte de las  voces negras, blancas o de cualquier color que quiera acercarse o atreverse con  la música disco.

Pero, en mi caso, hablar de Donna Summer es hablar de una referencia: la primera voz negra que me enamoró y que me hizo investigar por esos caminos que me llevaron al soul más clásico o a los divertidos ritmos funkys que hacía las delicias de cientos de pelos afros en las discotecas estadounidenses de los 70.

Gracias a esa investigación uno fue entendiendo que también se puede hacer soul siendo blanco y utilizando guitarras. Fui entendiendo cómo el rythm and blues no es más que la conjunción del rock and roll y del blues. Entendí también cómo el pop, considerado por muchos como ‘música blandita’ puede ser igualmente fruto  de la mezcolanza de estilos que no hace más que enriquecer y aportar, a pesar de escuchar en muchas ocasiones que la fusión empobrece.

Hace poco escuché una frase que me llamó mucho la atención: ‘el artista puro ha muerto’. Y no deja de tener razón, puesto que los mercados (malditos mercados que nos tienen como nos tienen) dañan la pureza, destruyen la creatividad, arruina la originalidad. Y todo por vender, por vender más que la competencia, aunque el producto vendido no tenga más duración que la de un mero objeto de consumo.

Pero volviendo al tema principal de esta entrada, la importancia musical de Donna Summer en mi vida parte de lo que he escuchado siempre en mi casa.

Mi padre, como testimonio musical en mi vida era un amante de la música clásica y, más concretamente de Von Karajan. Pero, a la vez tenía otros ídolos como Dionne Warwick (tía de Withney Houston), Barbra Streisand y la referida Donna Summer.  Tres grandes voces femeninas.

Y es, precisamente un sencillo grabado a dúo entre Barbra Streisand y Donna Summer titulado ‘Enough is enough’ mi primera toma de contacto con la primera voz negra que me impactó.



A ese sencillo se sumó una película llamada ‘Por fin ya es viernes’ que relataba la historia de un grupo de jóvenes estadounidenses de los 70 cuyo mayor ilusión era que llegara ese día para ir a bailar a la discoteca.

En esa película, Donna Summer me descubrió un tema que para mí se convirtió en la canción más significativa de la música disco: ‘Last dance’, con una línea de bajo espectacular que se me quedó grabada en la memoria.




Pero la que es sin duda alguna la mejor canción de su repertorio es ‘Bad Girls’ (¿verdad, Asun?), que ha sido cientos de veces versionada, aunque me quedo sin duda con la versión que os presento en este blog con Jamiroquai a dúo con Anastacia, otra grandísima voz soul negra, aunque blanca de piel.






Descanse en paz.

viernes, 24 de febrero de 2012

Un año ya…

Cómo pasan los meses, y cómo cambian las cosas en la vida en tan corto espacio de tiempo.

Hoy se cumple un año del nacimiento de este blog. Un blog que, a medida que se han ido sucediendo acontecimientos ha ido cambiando en temática, pero sobre todo en frecuencia a la hora de contaros cosas.

Como en todo, también en esto de escribir lo que a uno le apetece, y sobre lo que a uno le apetece el estado de ánimo juega un papel importante. Quizá es eso a lo que los creadores llaman ‘musas’. Pero, en cualquier caso, sea como sea, el desánimo personal o las musas no han permitido crecer a este blog como a mi me hubiese gustado.

La diferencia entre los principios y ahora es que, por una mayor estabilidad personal, casi cualquier tema me parecía interesante de ser contado. Sin embargo, en estos momentos en los que dicha estabilidad brilla por su ausencia pasa exactamente lo contrario: se me ocurren temas, pero, entre la falta de incentivos y la desgana en general creo que esos temas son absurdos. Igual de absurdos que los que he ido contando, seguramente, pero antes me sentía con más fuerza para expresarlos.

Y, por otro lado, el observar lo que cambian las cosas en tan sólo un año me anima. Me anima a pensar que solamente basta un segundo para que lo negro se vuelva blanco. Porque si hace tan sólo un año tenía una pareja y un trabajo y en un 'pispás' eso se va al carajo, creo que también en un simple 'pispás' puedo volver a una situación más favorable. Espero…

Pero en fin, que la experiencia es, ha sido y seguirá siendo muy gratificante, por lo que me resisto a darme por vencido y, aunque sea recurriendo a lo más fácil para mi, que es escribir sobre música, este blog seguirá en marcha y en él vosotros iréis viendo en qué estado me encuentro, porque no dejará de ser siempre un buen indicador de mi ánimo.

En este año he escrito de muchas cosas. De música, de política, de cuestiones que me han llamado la atención, de mis costumbres… etc. Hasta de una bolsa de patatas que se permitió el lujo de tutearme descaradamente. Y en este tiempo he recibido todo tipo de visitas de muchas partes del mundo.

La lista de visitas por países la encabeza, como es lógico mi España de mis amores y mis sufrimientos (gracias por vuestra paciencia), seguido de México (gracias, Manu y Sarita), Estados Unidos, Argentina (gracias, Sebas, Paula y Gus), Alemania, Reino Unido (gracias, Marina por leerme el tiempo que estuviste allí), Rusia, Canadá, Chile, Colombia, y más países entre los que me llama la atención 5 visitas en Moldavia…

La entrada más leída ha sido la protagonizada por Celia, la hija menor de mi ex. Aquella que hablaba de los pastores alemanes que no se ríen, que está muy destacada sobre la segunda entrada más visitada que es la que le dediqué al grupo argentino Les Luthiers.

Y eso se debe a que muchos de mis lectores han llegado a mi blog a través de Google empleando palabras e imágenes de búsqueda que les han hecho llegar hasta mi modesto espacio de desahogo personal.

Parece ser que no es nada extraño que la gente se acuerde de Rex, el perro policía, aunque sí me resulta más raro que una de las búsquedas más usuales sea el de la imagen de alguien con un globo de chicle explotado sobre la cara. Porque esas dos búsquedas son las más numerosas a la hora de llegar hasta aquí, y han sido las que han puesto en primer lugar a la entrada a la que me he referido antes por encima de la segunda entrada más leída en casi el doble de visitas.

No sé qué me espera de aquí en adelante. Espero y lucho por que sea algo mejor, pero, aunque sea sólo a ratitos, seguiré empleando este espacio como lugar para compartir.

Muchas gracias a todos por dedicar unos minutos de vuestras vidas en leer mis desvaríos.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Otro más.

Es un título optimista, que no viene mal con los tiempos que corren. Porque se trata de un año pasado más, o uno menos por pasar. Sin embargo, en un intento, a veces más forzado que natural de optimismo, prefiero pensar en positivo. No sé para qué, pero al menos parece que da menos quebraderos de cabeza.

Uno se hace mayor, de eso ya he hablado en más de una ocasión. Y en ese proceso uno se toma las cosas de una forma más tranquila, o más estóica. El caso es que los fines de año, o los comienzos de años nuevos es algo que hace ya tiempo que no me emociona en absoluto. Básicamente porque no son más que sucesiones de días como los días anteriores y los que vendrán, pero que en esa obsesión del ser humano en ordenarlo todo perfectamente organizadito, los dividimos en años, meses, días, horas, minutos, segundos… Y no es más que eso: un día tras otro, tras otro, tras otro…

Pero, en ese instinto de supervivencia que poseemos al nacer, nos produce placer despedir el año con la esperanza de que el siguiente sea mejor o, por lo menos igual que el anterior, según cada caso.

Por supuesto, el que más y el que menos tiene su lista de buenos propósitos para el año nuevo. Propósitos que se repiten un año tras otro cual día de la marmota y que dura con fuerza los dos primeros meses del año, pero que, según avanzan los días nuestra propia rutina y ausencia de fuerza de voluntad se encarga de ir minando. Siempre por motivos más que justificados, por supuesto.

Y lo despedimos/recibimos con todo tipo de supersticiones en forma de oro en la copa de cava, ropa interior roja o, comiendo lentejas el primer día del año. Agarrándonos a lo que sea con tal de mantener esa esperanza, cuando lo realmente divertido de esta mierda de vida es que las cosas sólo necesitan de un mínimo segundo para que sucedan, y a esas cosas les dan igual que ese segundo suceda en un año o en otro.

Personalmente mantengo una costumbre que ya comenzó mi padre hace… no sé realmente cuando comenzó, porque desde que tengo uso de razón (no hace tanto de eso) recuerdo el mismo rito año tras año: cuando suena la última campanada con la que finaliza el año anterior y comienza el nuevo suena en mi casa una versión del ‘Jingle Bells’ interpretado por la orquesta de Paul Mouriat.

En mi memoria estarán siempre los días 31 de diciembre preparando ese cassette bastante deteriorado, cuya cinta sufrió el recorte y posterior pegado con pegamento fruto de la cantidad de años de uso, único uso en los finales de año.

Y recuerdo la alegría que me produjo encontrar, tras años de búsqueda ese disco en algún lugar de la red, lo que posibilitaba la opción de jubilar de una vez por todas esa cinta que ya dio todo lo que pudo dar de sí.

Y lo sigo haciendo, no por superstición ni porque pienso que si no lo hago sonar algo falla, sino porque me parece una bonita forma de perpetuar una sencilla costumbre que, no sé por qué motivo a mi padre se le ocurrió comenzar no recuerdo qué año.

Tras el sonido de la última campanada brindaremos, nos abrazaremos, nos besaremos, y bailaremos la recopilación de música basura que una de mis hermanas me ha encargado. Y nos iremos a dormir cada loco con su tema: algunos contentos porque por fin se fue este año y seguro que el siguiente será mejor. Otros con aquello de ‘virgencita, virgencita, que me quede como estoy’. Y yo con la ilusión de que llegue ese segundo que cambie algunos aspectos de mi vida.

Pero, en fin, por hacer alguna petición, pido que los que están en mi día a día sigan estando.

Y por muchos años.

Feliz año 2012 a todos.